22
mar
OkDiario

Ante la extrema situación que viven las economías por el impacto del coronavirus, ya son muchos los gobiernos que están adoptando decisiones y tomando medidas que puedan paliar la situación. Ya se descuenta una recesión en un gran número de países.

El shock de oferta que viven las distintas economías en el mundo es verdaderamente pasmoso. Estamos hablando de que China, el productor mundial de bienes intermedios con mayor peso en la economía -de la que depende el 17% del Producto Interior Bruto (PIB) mundial-, ha sufrido una paralización total en su actividad económica. Esto ha generado, como era de esperar, una paralización en la actividad económica global. Es lógico, pues hablamos del primer eslabón de la cadena de valor mundial.

Tal y como lo cifró la Organización Mundial del Comercio (WTO, por sus siglas en inglés), el contraste del flujo de mercancías entre enero y febrero de este mismo año muestra un balance muy negativo. Un balance que, de acuerdo con las estadísticas que muestra el organismo, sitúan las pérdidas en flujos de mercancías en un valor aproximado a los 50.000 millones de dólares. Estamos hablando de que, en estos momentos, la actividad comercial entre los países, sin tener en cuenta la de productos sanitarios, está en mínimos históricos.

El cierre de las fronteras y la paralización del tráfico aéreo lo ha agravado. Se están contagiando otros sectores que, en gran parte, dependían de ese transporte.

El problema es que al shock de oferta se le sume un duro shock de demanda. La consolidación de las pérdidas puede provocar el cierre de compañías, así como el despido de un gran número de trabajadores, lo que implicaría en una drástica caída del consumo, así como un gran impulso del desempleo estructural.

No hablamos de una simpleza. Estamos hablando de que, precisamente, aquellos trabajadores que más riesgo tienen a la hora de perder su empleo son, también, aquellos que mayores dificultades tienen para encontrar un empleo en el futuro. Las personas formadas, con nivel universitario y buenos puestos de trabajo, en estos momentos, están desempeñando sus funciones mediante el teletrabajo. Sin embargo, aquellos trabajos físicos, que no permiten el teletrabajo, son los más acechados y los que, en caso de consolidarse esas pérdidas, más dificultad tendrán para encontrar un puesto de trabajo.

Esta situación debe poner de manifiesto la necesidad de tomar medidas. Sin embargo, pese a las medidas y estímulos aplicados por el presidente Pedro Sánchez, seguimos viendo claras insuficiencias que no permiten la total flexibilidad exigida para tratar de paliar la situación. Pese a que hablamos de que algunas de esas medidas son realmente buenas para contener la situación y evitar la consolidación de pérdidas, los requisitos impuestos para acogerse a ellas siguen limitando esa flexibilidad a una pequeña cuantía de ciudadanos muy vulnerables.

Estamos hablando de medidas como el de las hipotecas, que deja fuera a todos los ciudadanos en régimen de alquiler, precisamente siendo un colectivo más vulnerable y con escasos ingresos. Estamos hablando de los ERTEs, los cuales solo se aplican cuando se cumplen con unos criterios muy rígidos. Hablamos de los autónomos, los cuales no tienen acceso a una prestación, salvo en situaciones muy drásticas como haber cesado la actividad por completo o presentar pérdidas superiores al 70%. Hablamos de un sinfín de medidas, pero para las que se exigen unos criterios muy rígidos.

Y este es el problema, pues fue el mismo Pedro Sánchez, así como su equipo de Gobierno, los que afirmaban rotundamente -para que Santiago Abascal los escuchase- que este virus no entendía de razas, colores, nivel económico… Sánchez muestra claramente una contradicción al tomar medidas que únicamente benefician a algunos colectivos. El resto, de no cumplir con los criterios establecidos, quedarían desamparados ante el brote vírico, a la espera de que todo vuelva a la normalidad y con el riesgo de que se consoliden las pérdidas.

Y aquí es donde yo me pregunto. Si el coronavirus no distingue entre las personas, ¿por qué las medidas del Gobierno sí lo hacen?


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