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Actualidad Económica

Toda empresa que pretenda competir en el mercado tiene que dedicar su capital humano más valioso a reinventar permanentemente sus productos. Como dice el refrán: “Camarón que se duerme, se lo lleva la corriente”. Ahora, el consumidor reclama no solo que la calidad sea cada vez mayor, sino estar además informado en tiempo real de las nuevas ventajas que incorporan los bienes y servicios de las compañías. La que deje de innovar asistirá pronto a su funeral. El continuo proceso de transformación, tanto en la manera de producir como en la comunicación con los clientes, precisa de una mejora continua de su tecnología. De ahí la importancia que presentan los perfiles tecnológicos en el mercado laboral. Quien sepa moverse en la difusa frontera entre lo que se sabe y lo que se desconoce es el que, potencialmente, más valor añadido puede aportar a una compañía. Si, además, esta persona creativa tiene intuición y sensibilidad para vislumbrar anticipadamente qué es susceptible de interesar al insaciable consumidor de novedades, su valoración en el mercado crecerá como la espuma. Hoy, el líder empresarial no es el follower (seguidor o imitador de la corriente dominante), sino el innovador radical.

Fuente: Actualidad Económica

La prueba del algodón de que, más que creyentes de la innovación, somos practicantes, la encontramos en la evolución de la demanda de perfiles tecnológicos. Según un informe de Randstad, en 2018 estos perfiles representaron el 11% del total de solicitudes de las empresas españolas, dos puntos más que la media europea (9%). Esta tasa fue del 6% en 2012, por lo que en los últimos seis años se han duplicado las compañías que necesitan estos currículos tecnológicos. Bélgica, Dinamarca, Países Bajos y Luxemburgo (13%) son los países de la Unión Europea que en mayor medida reclaman esta formación. Cabe señalar que el porcentaje de personas que trabajaban en tecnologías de la información y comunicaciones (TIC) en 2018 era superior en Finlandia (7,2%), Suecia (6,8%) y Estonia (5,7%), mientras que los más bajos se hallaban en Letonia (1,7%), Grecia (1,8%) y Rumanía (2,2%).

Si nos fijamos en la evolución desde 2008 hasta el año pasado, en la mayoría de miembros de la UE la tasa de empleo en este sector ha aumentado a un ritmo medio del 6,8%.

Los que más han avanzado han sido Portugal (20,4%), España (20%) y Grecia (19,5%). Solo ha decrecido en Reino Unido (0,2%), Dinamarca (0,7%), Luxemburgo (5,6%), Estonia (9,3%) y Lituania (9,4%).

Una progresión positiva de las TIC mejora las ventajas competitivas de las empresas, tanto en eficiencia (por ejemplo, con la automatización de procedimientos sistemáticos) como en la estrategia de los procesos. Su inserción requiere, eso sí, que los trabajadores se impliquen en el aprendizaje de nuevas herramientas. Ante la polémica de la subida del salario mínimo, la clave puede estar en incorporar TIC que aumenten la productividad del puesto de trabajo.


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