28
jun
OkDiario

Las últimas previsiones del FMI avanzan una contracción de la economía española de hasta el 13% del PIB este año. Unos niveles que dejan a la economía de nuestro país- empatada con la italiana- como la más afectada y deteriorada por los efectos derivados del coronavirus.

De acuerdo con publicaciones anteriores, los elevados deterioros que ya estaba cosechando la economía, ante el duro shock de oferta que mostraba el país, recogían pronósticos que situaban la contracción entre un 9% y un 11%. Este fue el pronóstico realizado por Fundación Civismo, por ejemplo.

Sin embargo, otro tipo de instituciones, entre las que destaca el Banco de España, situaron la contracción en hasta un 15% del PIB. Un pronóstico aún más severo que se asemeja mucho a la que ahora ha ofrecido el Fondo Monetario Internacional (FMI). Mientras a muchos economistas se le acusó de pesimistas por las previsiones elaboradas, el Gobierno mostraba su autocomplacencia, puesto que los pronósticos situaban la contracción en línea con sus intereses.

El FMI ya citaba en sus anteriores previsiones la extrema incertidumbre y la multitud de variables que debían proyectarse para realizar unos pronósticos con un grado de confianza aceptable, algo que dificultaba la medición del impacto de una crisis en la que, además, no se contaba con ningún precedente.

Sin embargo, aunque hablemos de contracciones en el PIB, fijando el foco en los reajustes realizados por el FMI, lo verdaderamente preocupante para los economistas no es la contracción. Como bien decía el economista y analista Ángel Talavera, de Oxford Economics, la contracción en el PIB se debe a una situación en la que la economía se ha visto duramente sacudida, bloqueando gran parte de la actividad económica en el país como la producción.

La economía española se encuentra en un callejón sin salida. Tiene unos desequilibrios a nivel de deuda, déficit o desempleo que permanecerán más allá de la pandemia y que crecerán hasta niveles nunca vistos en tiempos de paz en el país. Esa situación, tal y como refleja el Banco de España, nos obligará a tomar medidas de ajuste que, siendo exigidas por la Unión Europea, condicionarán el rescate preciso para paliar, con la política fiscal, parte del golpe que nos ha asestado el virus.

En cuanto a la deuda en relación al PIB, el Banco de España estima que  podría situarse en el 122%, mientras que los niveles de déficit – que ya eran excesivamente elevados -se sitúan por encima del anecdótico umbral del 10%;  dejando a la economía española sin ninguna capacidad para actuar, así como fondo de maniobra.

La destrucción de empleo

Por el lado del empleo, el FMI prevé que la economía española alcance un nivel de desempleo que podría llegar a situarse por encima del 20%, lo que supone un nuevo máximos históricos.

La cifra es muy preocupante, máxime cuando estamos hablando de un país que, ya antes de la crisis que hoy nos acontece, presentaba un desempleo estructural que se situaba por encima del 14%; 33% en materia de desempleo juvenil.

Así, la pérdida de capacidad productiva llevaría a la economía española a una situación en la que una quinta de la fuerza laboral en el país, para su desgracia, podría quedar en situación de desempleo.

Esto es lo que debería preocuparnos, pues, de querer hablar de recuperación, antes debemos hablar de deuda, debemos hablar de déficit, de empleo, así como de las empresas y la capacidad productiva. Estos factores son clave para una recuperación que, atendiendo a los precedentes disponibles, sitúan a la economía española en un escenario complejo, teniendo en cuenta que, durante la última crisis, a España le llevó nueve años y medio recuperarse de los efectos ocasionados por la Gran Recesión de 2008; mientras que, por otro lado, para Alemania, el proceso de recuperación no se prolongó más allá de los dos años.

Por tanto, en definitiva, hablar de PIB en estos momentos no es lo único que debería preocuparnos, pues estos desequilibrios que oculta esa “big picture” a la que atiende la sociedad, así como sus gobiernos, enmascara unos desequilibrios ocultos que dejarán nuestra economía en estado crítico para cuando “baje la marea”.


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