05
jul
Actualidad Económica

La patraña que propalan algunos políticos cuando afirman que el trabajo tiene impuestos bajos en España se desvanece al ver las estadísticas. Hoy, el mundo es global y la lucha de los países para conseguir mercados se libra, cada vez más, con contendientes no europeos, y especialmente, con los que forman parte de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). La ventaja competitiva que puede ofrecer un territorio para incentivar la radicación de industrias consiste en ofrecer una cuña fiscal atractiva. Este indicador se define como el porcentaje que suponen el IRPF y las cotizaciones sociales satisfechas por el empleado y la empresa sobre el salario bruto que cuesta el trabajador a quien lo contrata. Cuando esta ratio es elevada, los precios de los productos se encarecen, lo que puede provocar la deslocalización de la producción a lugares con costes laborales más bajos. El ranking de hoy permite comparar las cuñas fiscales de los países con los que España compite.

La OCDE acaba de sacar el informe Taxing Wages 2020, que analiza la competitividad de 36 naciones en lo que impuestos al trabajo se refiere. El estudio evalúa ocho situaciones diferentes y, como resulta imposible abordarlas todas, se ha escogido el escenario más representativo: una familia con dos niños, en la que entran dos salarios: uno con la cuantía del promedio nacional y otro que alcance un 67% del mismo. La cuña fiscal media para este modelo, en la OCDE, se sitúa en un 30,5%, mientras que la de España asciende al 36,5%. Esos seis puntos constituyen una diferencia brutal, que nos coloca como el undécimo país con mayor cuña fiscal.

Fuente: Actualidad Económica

Aquel con un tratamiento peor al trabajo es Bélgica, debido a una cuña del 44,5%. Le siguen Alemania (42,5%), Italia (41,9%) y Francia (39,9%). Los que tienen los costes laborales más competitivos son Chile (6,7%), Suiza (16,1%) e Israel (16,3%). Estados Unidos está bien posicionado (24,1%), con la ventaja de que ofrece una flexibilidad laboral mayor que la europea: incluso los países de la UE con la cuña fiscal más baja (Polonia, con 25,1%, e Irlanda, con 25,5%) superan a los norteamericanos.

Hay dos conclusiones alarmantes en el citado informe: la creciente proporción de trabajadores que obtiene ingresos fuera de las relaciones tradicionales entre empleados y empleadores, y el aumento de los falsos autónomos que operan dentro de las empresas. Los altos tributos al trabajo de Europa y la rigidez laboral pueden convertir la seguridad en rigor mortis si la actividad emigra. Por tanto, ante el bienio de “pandemia económica” que advierten el Banco de España y el FMI, convendría moderar los impuestos al trabajo.

Otra mentira política que revela el informe es la afirmación de que la fiscalidad defiende a la familia. En España, la cuña fiscal del modelo descrito de dos hijos resulta solo 1,6 puntos inferior a la del hogar que no tiene ninguno, cuando la diferencia en la media de los países de la UE que pertenecen a la OCDE es de 4,9 puntos menos. Parece que el suicidio demográfico que entraña una fecundidad de 1,17 hijos por mujer española no le importa a nadie. Se deberá a que al populismo imperante tan solo le interesa el corto plazo y… el que venga detrás, que arree.


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