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1. Introducción

Las consecuencias de la propagación de la covid-19, así como la implantación en una gran parte de los países de todo el mundo de medidas de control para frenar la propagación del virus, han paralizado de manera brusca la actividad económica y comercial. El impacto sobre el producto interior bruto (PIB) ha dejado claro que se trata de una de las mayores crisis económicas que ha vivido la sociedad durante el último siglo.

A pesar de que diversas compañías como AstraZeneca, Pfizer o Moderna han declarado que la vacuna está lista para distribuirse y aplicarse en la población con una alta tasa de efectividad, los resultados a escala mundial se desconocen, lo cual deriva directamente en que los escenarios macroeconómicos sigan siendo, cuando menos, inciertos. Dicha incertidumbre caracteriza las previsiones de muchos sectores y colectivos que ya estaban en una situación precaria y con pocas esperanzas de revertirla. Se trata del caso de los jóvenes españoles, cuya situación económica, financiera y laboral evoluciona considerablemente a peor desde la recesión de 2008, y para los que la crisis actual no ha sido sino la gota que ha colmado un vaso a punto de derramarse.

En esta línea, España se enfrenta a desafíos importantes, y aunque exista poca literatura al respecto, el futuro de los jóvenes del país constituye uno de los más acuciantes.

Actualmente, la tasa de desempleo juvenil es la más alta de entre los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), según estadísticas del organismo: en octubre de 2020, se elevaba a un 38,9% para los hombres y un 42,2% para las mujeres, y la situación resulta cada vez más preocupante. De no cambiar radicalmente durante los próximos años, las condiciones de vida para este segmento de población continuarán empeorando sustancialmente.

El problema presenta muchos prismas, porque no atiende a una sola realidad, ni tampoco sigue una sola dirección. Las condiciones laborales se han deteriorado para toda la población, pero los jóvenes han salido especialmente damnificados. La formación superior ha perdido valor respecto a décadas anteriores, el acceso a la vivienda se ha visto limitado por un endurecimiento en las condiciones de financiación, las ayudas al emprendimiento no han bastado, y la falta de educación financiera en materia de ahorro e inversión ha provocado que su riqueza neta se haya reducido drásticamente en los últimos 10 años.

En este artículo, por tanto, y con el objetivo de arrojar luz sobre un problema no lo suficientemente debatido dada su gravedad, analizaremos de forma descriptiva las principales variables financieras y económicas de los jóvenes españoles, y examinaremos qué factores explican esta tendencia tan marcadamente a la baja.

2. La dimensión del problema

La precaria situación financiera de los jóvenes en España se debate, con suerte, de manera eventual, saliendo tan solo a la palestra en momentos de interés para ciertos colectivos, como cuando un organismo oficial publica un dato concreto, o en épocas de citas electorales en diferentes territorios.

Sin embargo, su importancia equivale a la de otros asuntos discutidos de forma continuada, como las pensiones, le educación o la justicia. Y no porque los jóvenes sean necesariamente más importantes que cualquier otro segmento de población, sino porque su situación genera problemas de gran envergadura, que los expertos no suelen destacar entre los retos que la economía española ha de abordar.

En primer lugar, parte de la envergadura del desempleo en su conjunto se debe al desempleo juvenil. Resulta evidente, por tanto, que una reducción de este supondría una disminución del paro en España. Derivado de lo anterior, la falta de cotizantes aboca al sistema de pensiones a una crisis prolongada que, de no ser atendida a tiempo, provocará un desastre de dimensiones aún desconocidas. Por lo que, de nuevo, resolver el problema del desempleo juvenil, aumentar el número de cotizantes, y establecer políticas con efecto real y duradero que impulsen los salarios, trae consigo beneficios de largo alcance. Además, una posición financiera más consolidada entre los jóvenes fomentaría la natalidad, y, con ello, los problemas asociados a una pirámide poblacional invertida, previsiblemente, se mitigarían. Por otro lado, unas mejores oportunidades laborales evitarán que los recursos destinados a educación caigan en saco roto y que los acaben aprovechando otros países más atractivos. Retener el talento en España, e incluso luchar por atraerlo del extranjero, se ha convertido en una prioridad.

Los jóvenes constituyen un colectivo olvidado, con muchas trabas, y a menudo desprestigiado, pero cuyos problemas, aunque a veces no se identifiquen con la precisión necesaria, terminan afectando al funcionamiento del sistema en su conjunto. Y si bien estas deficiencias llevan años entre nosotros, nunca se habían manifestado con tanta intensidad como en la actualidad.

3. Análisis descriptivo de la situación financiera de los jóvenes españoles

El análisis descriptivo se ha elaborado a partir de datos seleccionados de los resultados de la Encuesta Financiera de las Familias (EFF) del Banco de España correspondiente a 2017, la cual está divida en diferentes secciones definidas según la variable objeto estudio. Son nueve:

  1. Características demográficas
  2. Activos reales y deudas asociadas
  3. Otras deudas
  4. Activos financieros
  5. Seguros y pensiones
  6. Situación laboral e ingresos relacionados
  7. Rentas no relacionadas con la actividad laboral percibidas en el año natural anterior al de la encuesta (2016)
  8. Uso de instrumentos de pago
  9. Consumo y ahorro

De estas secciones, la investigación se centra especialmente en los activos reales y deudas asociadas, los activos financieros, y la situación laboral e ingresos relacionados. Vinculadas a ellas, y desglosadas por grupos de edad, las dimensiones objeto de estudio se concretan en:

• Renta: sirve para revisar la evolución de los ingresos del hogar a través de la mediana de su valor. La renta refleja los ingresos tanto laborales como no laborales, y antes de impuestos y cotizaciones.

• Riqueza neta: con el objetivo de aproximar la evolución del patrimonio neto a través de la mediana de dicho valor. Esto es, el valor de los activos reales y financieros que posee un hogar menos las deudas contraídas, pero sin incluir los automóviles.

• Activos reales: especialmente la tenencia de vivienda principal y la evolución de su valor mediano en el tiempo. Aunque la EFF incluye otras variables como los negocios por cuenta propia o las joyas y obras de arte, consideramos que de ellas no se pueden extraer conclusiones que faciliten la comprensión de la realidad objeto de estudio.

• Activos financieros: incluye tanto las cuentas bancarias (utilizables y no utilizables) como las acciones cotizadas en bolsa, los fondos de inversión o los planes de pensiones. Se analiza tanto el porcentaje de hogares que poseen cada tipo de activo como el valor mediano de estos para aquellos que los poseen. De nuevo, la EFF se extiende más en su desglose, sin embargo, hemos excluido aquellos que, como la inversión directa en renta fija, representan un porcentaje mínimo de la muestra. Cabe aclarar, no obstante, que esto no indica necesariamente que los hogares españoles no se sientan atraídos por la renta fija, sino simplemente que no invierten en ella de forma directa.

• Deuda: se centra en aquella que depende de la vivienda principal, la cual supone la gran parte de la deuda pendiente de los hogares españoles. Se analiza tanto el porcentaje de hogares que tienen pendiente deuda relacionada con la vivienda principal como el valor mediano de la misma para aquellos que la han contraído. Adicionalmente, se incluye la deuda relacionada con los créditos personales.

Al margen de lo anterior, conviene subrayar que los datos ofrecidos por la EFF pueden variar entre ediciones del estudio, por cuestiones metodológicas. Sin embargo, las diferencias no son relevantes y no comprometen en ningún caso la evolución de las tendencias. Es decir, independientemente de que las cifras de ediciones anteriores se actualicen en cada nueva oleada de datos, las disparidades giran en torno a un valor central de la distribución.

Este punto reviste su importancia, pues no existe una serie histórica única por año para cada una de las variables estudiadas, por lo que se ha optado por escoger la última actualización disponible para cada una de ellas. Dicho lo cual, conviene saber que, para las variables de renta y riqueza neta, los datos extraídos para 2017, 2014 y 2011 corresponden a la EFF de 2017; los del año 2008, a la EFF de 2014; los de 2005, a la de 2011; y los de 2002, a la de 2008.

Por su parte, para las variables relacionadas con los activos reales, activos financieros y deudas, los datos extraídos para 2017 y 2014 corresponden a la EFF de 2017; los de 2011, a la de 2014; los de 2008, a la de 2011; los de 2005, a la de 2008; y los de 2002, a la de 2005.

En este sentido, cabe aclarar que este tipo de selección se ha hecho en aras a simplificar el acceso y el contraste de los datos de otros investigadores sobre la materia, debido a que, incluso trabajando con los microdatos con pesos actualizados, las cifras variaban ligeramente respecto a las recogidas en las publicaciones de la EFF. Así pues, esto permite que se pueda trabajar con unos resultados casi homogéneos.

Por último, conviene saber que, para el diseño de la EFF realizada por el Banco de España, cuyo número total de entrevistas superó los 6.000 hogares en su última edición, colaboran tanto el Instituto Nacional de Estadística (INE) como la Agencia Tributaria (AEAT). 

3.1. Renta

El gráfico 1 representa la evolución desde el año 2002 hasta el año 2017 de la renta mediana por hogares, desglosados por grupo de edad. La renta mediana es el valor en miles de euros de las rentas laborales y no laborales antes de impuestos y cotizaciones de la mitad de la distribución. A diferencia de la media, es más robusta ante valores extremos que pueden alterarse debido a cambios en las cotas de desigualdad.

Gráfico 1. Renta mediana por edad (2002-2017)

Fuente: Elaboración propia, a partir de la Encuesta Financiera de las Familias (EFF), Banco de España

La renta mediana en 2017 para los hogares más jóvenes se sitúa en 22.800 euros. Y si bien se ha venido recuperando desde 2014, tras la crisis de 2008, se trata del grupo de edad en el que su valor en términos absolutos se reduce más, a pesar de ser el cuarto con mayor renta mediana.

Además, como se puede observar, desde 2008, la renta de los hogares cuyo cabeza de familia es menor de 35 años ha disminuido en un 22%. Esto supone que sea, con diferencia, el grupo que, proporcionalmente, sufre una mayor caída de su renta mediana, por delante del de entre 45 y 54 años, que la ha visto contraerse un 17%, y el de entre 55 y 64 años (-15%).

Estos resultados contrastan con otra realidad bien distinta. Mientras que los más jóvenes han salido como los peor parados de la crisis económica de 2008, los mayores de 65 años son los únicos que han aumentado su renta mediana. Así, los situados entre 65 y 74 años, y los mayores de 74 años, la han visto incrementarse alrededor del 30% en ambos casos.

Como análisis preliminar para esta variable, el alto desempleo juvenil, la falta de oportunidades laborales atractivas, el empleo precario y el acceso tardío al mercado de trabajo, debido a la prolongación de la formación, influyen en estos resultados.

3.2. Riqueza neta

El gráfico 2 representa la evolución, desde el año 2002 hasta el 2017, de la riqueza neta mediana por hogares, desglosados por grupo de edad. La riqueza neta mediana es el valor en miles de euros de los activos tanto reales como financieros menos las deudas contraídas. No se tiene en cuenta, no obstante, el valor del vehículo personal.

Gráfico 2. Riqueza neta mediana por edad (2002-2017)

Fuente: Elaboración propia, a partir de la Encuesta Financiera de las Familias (EFF), Banco de España

Si la situación de la renta mediana mostraba un panorama preocupante para los jóvenes españoles, la riqueza neta mediana esclarece aún más lo alarmante de su situación.

Hasta tal punto que, desde 2005, cuando se situaba en los 84.700 euros, se ha reducido un 93,7%: una destrucción de riqueza sin parangón en otros colectivos. En general, desde los años 2005 y 2008, momentos de máximo auge de la burbuja inmobiliaria, la vivienda, que representa el activo principal de los hogares españoles, ha sufrido una drástica caída. No obstante, esta, en el mejor de los casos, podría explicar entre un 30% y un 60% dependiendo del hogar, puesto que el valor de la propiedad es el que ofrece el encuestado y no uno tasado de forma oficial.

En este sentido, según datos del índice de vivienda elaborado por el INE, desde 2007 hasta 2011, la vivienda cayó, de media, un 38%.

Tampoco podemos atribuir exclusivamente la destrucción de riqueza neta mediana al descenso de rentas, pues si bien este, como ya hemos comentado, ha sido considerable, no basta para que se le achaque una destrucción superior al 90%. Por tanto, como abordaremos más tarde, se trata de un problema multivariante, debido a diferentes causas.

3.3. Activos reales

El gráfico 3 representa la evolución desde 2002 hasta 2017 del porcentaje de hogares que poseen una vivienda en propiedad, por edad, mientras que el gráfico 4 ilustra el valor mediano de la vivienda para aquellos hogares que efectivamente la poseen.

Gráfico 3. Hogares que poseen una vivienda en propiedad por edad (2002-2017)

Fuente: Elaboración propia, a partir de la Encuesta Financiera de las Familias (EFF), Banco de España

A pesar de que no ataca al nervio del problema sobre la riqueza neta, el gráfico anterior sí efectúa un primer acercamiento de cara a explicar la contracción tan radical que ha sufrido esta. No se trata, por tanto, de que el valor de la vivienda haya menguado, que también, sino de que cada vez menos jóvenes tienen una vivienda en propiedad. Dicho de otro modo, el problema no reside únicamente en que la vivienda haya visto mermar su valor, sino en que los jóvenes no pueden acceder a una. En esta línea, si en 2011 un 69% de los menores de 35 años poseía una vivienda, en 2017, ese porcentaje desciende hasta el 41%. De manera similar, pero por supuesto no tan acusada, ocurre en todos los grupos de edad. Una vez más, la situación de los jóvenes se desacopla de una manera evidente de la tendencia general.

Gráfico 4. Mediana del valor de la vivienda para los propietarios por edad (2002-2017)

Fuente: Elaboración propia, a partir de la Encuesta Financiera de las Familias (EFF), Banco de España

Por otro lado, en el gráfico 4, podemos comprobar cómo la destrucción de valor derivada de la tenencia de vivienda, a pesar de resultar sustancial, en ningún caso ha alcanzado cotas superiores al 50% desde los máximos marcados en 2005.

Esta es probablemente la métrica menos dispar, ya que, si bien puede existir desigualdad entre el valor mediano de las viviendas dependiendo del grupo de edad, la depreciación ha resultado similar en todos los casos.

3.4. Activos financieros

Por activos financieros, el desglose se amplía. Trataremos la dimensión de las cuentas y depósitos utilizables, las cuentas y depósitos no utilizables, las acciones cotizadas, los fondos de inversión, así como los fondos de inversión y los seguros de vida o mixtos. En total, analizaremos cinco dimensiones, teniendo en cuenta, para cada una de ellas, el porcentaje de hogares que poseen dicho activo y su valor mediano.

3.4.1. Cuentas y depósitos utilizables para realizar pagos

En primer lugar, el gráfico 5 representa el porcentaje de hogares que tienen cuentas y depósitos utilizables para realizar pagos. Es decir, cuentas bancarias a la vista y similares. Como podemos comprobar, los menores de 35 años han pasado de estar en niveles equiparables a los del resto de población a situarse como el colectivo con menos cuentas de este tipo. No obstante, cabe aclarar que siguen hallándose en niveles altos en todos los casos y, en principio, no se trata de algo necesariamente alarmante.

Gráfico 5. Hogares que tienen cuentas y depósitos utilizables para realizar pagos por edad (2002-2017)

Fuente: Elaboración propia, a partir de la Encuesta Financiera de las Familias (EFF), Banco de España

Del modo análogo ocurre con la mediana de su valor entre los hogares que poseen dicho activo. El gráfico 6 muestra que ha aumentado la preferencia por la liquidez, pero sin cambios reseñables en los montos de este tipo de cuentas.

Gráfico 6. Mediana del valor de las cuentas y depósitos utilizables para realizar pagos por edad (2002-2017)

Fuente: Elaboración propia, a partir de la Encuesta Financiera de las Familias (EFF), Banco de España

3.4.2. Cuentas y depósitos no utilizables para realizar pagos

El gráfico 7 exhibe el porcentaje de hogares que disponen de cuentas no utilizables para realizar pagos y de cuentas vivienda. En este grupo se engloban principalmente los depósitos a corto plazo o las imposiciones a plazo fijo.

Los hogares más jóvenes se vuelven a situar en la parte más baja de entre todos los colectivos. Los valores no son reseñables, e independientemente del grupo de edad, se ha constatado una reducción generalizada, e incluso más acusada en otros grupos de edad desde el año 2011. En contraposición, sí resulta subrayable la cuantía de este tipo de cuentas a modo de depósito. Como vemos en el gráfico 8, los más jóvenes vuelven a ver reducida la cantidad que tenían en 2011, fecha en la que estas cuentas gozaron de un mayor auge. La mayor disminución en el valor mediano de estas cuentas alcanza el 59,3% entre 2011 y 2017 para el colectivo menor de 35 años, y le sigue de cerca el de 45 a 54 años, con una contracción del 55,9.

Gráfico 7. Hogares que tienen cuentas y depósitos no utilizables para realizar pagos por edad (2002-2017)

Fuente: Elaboración propia, a partir de la Encuesta Financiera de las Familias (EFF), Banco de España

Gráfico 8. Mediana del valor de las cuentas y depósitos no utilizables para realizar pagos por edad (2002-2017)

Fuente: Elaboración propia, a partir de la Encuesta Financiera de las Familias (EFF), Banco de España

3.4.3. Acciones cotizadas en bolsa, fondos de inversión y planes de pensiones

Con acciones cotizadas en bolsa, nos referimos a la inversión directa en acciones cotizadas, y lo diferenciamos de los fondos de inversión o los planes de pensiones, los cuales pueden invertir de forma indirecta en renta variable.

Los datos reflejan, en línea con otros indicadores analizados, una caída prolongada y preocupante para la riqueza actual y futura de la juventud española. La reducción de rentas, pero también la progresiva falta de educación financiera en España, ha provocado que el porcentaje de hogares jóvenes que invierten en bolsa pase del 7,2% en 2002 al 2,7% en 2017. En un entorno en el que, incluso tras la recesión de 2008, 2012 y la crisis del coronavirus, el inversor medio podría haber ganado dinero simplemente invirtiendo en índices diversificados a nivel mundial a bajo coste, esto supone una mala noticia, ya que, por un lado, los jóvenes dejan de lado la posibilidad de aumentar su patrimonio a largo plazo y, por otro, permiten que sus escasos ahorros sean destruidos por una inflación baja pero constante.

El gráfico 10 revela cómo ha menguado la cantidad invertida en bolsa, lo cual puede estar motivado por dos razones. Por una parte, por una reducción de la cantidad destinada a inversión en acciones y, por otra, por la pérdida derivada de haber invertido en valores que se han devaluado. Una realidad similar encontramos con la inversión a través de fondos de inversión.

Gráfico 9. Hogares que poseen acciones cotizadas en bolsa (2002-2017)

Fuente: Elaboración propia, a partir de la Encuesta Financiera de las Familias (EFF), Banco de España

Gráfico 10. Mediana del valor de las acciones cotizadas en bolsa de los accionistas por edad (2002-2017)

Fuente: Elaboración propia, a partir de la Encuesta Financiera de las Familias (EFF), Banco de España

Si hacia el año 2002, según la EFF, el porcentaje de hogares con fondos de inversión cuyo cabeza de familia era menor de 35 años ascendía al 5,6%, en 2017 descendió hasta el 1,4%. Un porcentaje muy pequeño si lo comparamos con otros rangos de edad, que se sitúan por encima del 6%.

Como podemos observar en el gráfico 12, la cantidad ha disminuido tanto que ni siquiera hay observaciones suficientes para los años 2014 y 2017 sobre la mediana del valor de los fondos de inversión para los partícipes. Por tanto, no es que el valor sea cero, sino que, al ser tan reducido, la estimación resultaría tan sesgada que no aportaría información relevante. En cualquier caso, para los menores de 35 años, la tendencia también se ha mantenido a la baja en el valor mediano del activo.

Por último, hay que destacar el porcentaje de hogares que poseen planes de pensiones por grupo de edad. Y no porque este difiera del caso de las acciones o los fondos de inversión, pues se asemeja mucho, sino por lo llamativo de que el porcentaje de hogares que tienen contratados planes de pensiones y seguros de vida de inversión o mixtos supere en el grupo de edad de entre 65 y 74 años el de menores de 35.

Gráfico 11. Hogares que tienen contratados fondos de inversión (2002-2017)

Fuente: Elaboración propia, a partir de la Encuesta Financiera de las Familias (EFF), Banco de España

Gráfico 12. Mediana del valor de las participaciones en fondos de inversión de los partícipes por edad (2002-2017)

Fuente: Elaboración propia, a partir de la Encuesta Financiera de las Familias (EFF), Banco de España

Gráfico 13. Hogares que tienen contratados planes de pensiones y seguros de vida de inversión o mixtos por edad (2002-2017)

Fuente: Elaboración propia, a partir de la Encuesta Financiera de las Familias (EFF), Banco de España

Análogamente, tal como refleja el gráfico 14, el valor de la mediana de este tipo de activos se redujo entre el año 2011 y el 2017 para los más jóvenes. Tanto es así que se trata del único colectivo en el que esto ha ocurrido y, además, en una cuantía alarmante del 80%.

Gráfico 14. Mediana del valor de los planes de pensiones y seguros de vida o mixtos de los asegurados por edad (2002-2017)

Fuente: Elaboración propia, a partir de la Encuesta Financiera de las Familias (EFF), Banco de España

3.5. Deudas

En cuanto a las deudas, la EFF realiza un desglose extenso, pero, en aras de cumplir el propósito de esta investigación, comentaremos dos dimensiones: la deuda que depende de la vivienda principal y aquella contraída por créditos personales. En primera instancia, el gráfico 15 muestra el porcentaje de hogares por grupo de edad que tienen deuda pendiente por la compra de la vivienda principal.

Gráfico 15. Hogares que tienen deuda pendiente por la compra de la vivienda principal por edad (2002-2017)

Fuente: Elaboración propia, a partir de la Encuesta Financiera de las Familias (EFF), Banco de España

Como podemos observar, la única cohorte de edad que ve reducido el porcentaje de aquellos con deuda pendiente atribuible a la vivienda principal es la de la población menor de 35 años. Lo anterior no es más que una consecuencia de lo que vimos en el apartado de activos reales. Es decir, si cada vez menos jóvenes poseen una vivienda, también un menor porcentaje de hogares contraerán deuda en relación a esta adquisición. Respecto a las cuantías reflejadas por la mediana del valor de esta deuda, no existen diferencias destacables, ni en el tiempo ni entre grupo de edad.

Gráfico 16. Mediana del valor de la deuda pendiente por la compra de la vivienda principal por edad (2002-2017)

Fuente: Elaboración propia, a partir de la Encuesta Financiera de las Familias (EFF), Banco de España

En referencia a los créditos personales, se observa un gran avance del grupo de edad entre 65 y 74 años. Los jóvenes se mantienen en niveles más modestos, pero similares.

Gráfico 17. Hogares que tienen deuda pendiente por un crédito personal por edad (2002-2017)

Fuente: Elaboración propia, a partir de la Encuesta Financiera de las Familias (EFF), Banco de España

La mediana del valor de estos créditos vuelve a situar en 2017 a los más jóvenes como aquellos que más recurren a préstamos personales. Tampoco hay grandes cambios en esta dimensión, y parece que el comportamiento, exceptuando lo mencionado antes para el colectivo de 65 y 74 años, sigue una tendencia natural que probablemente esté relacionada con el ciclo económico.

Gráfico 18. Mediana del valor de la deuda pendiente por un crédito personal por edad (2002-2017)

Fuente: Elaboración propia, a partir de la Encuesta Financiera de las Familias (EFF), Banco de España
4. Factores de influencia de la situación actual de los jóvenes

Analizado lo anterior, es lógico y, por supuesto, necesario cuestionarse qué factores han provocado que la situación económico-financiera de los jóvenes resulte tan negativa. Como ya indicábamos al inicio y hemos ido comentando en forma de pinceladas a lo largo del análisis descriptivo, la realidad de los jóvenes constituye un problema con muchas aristas y que contribuye de forma negativa a otros retos de calado.

A nuestro juicio, existen siete factores que explican en mayor medida el deterioro progresivo de la situación económica y financiera de los más jóvenes, así como su menor riqueza neta.

4.1. Salarios más bajos

Aunque no se trata de algo nuevo, los salarios de los jóvenes son los más bajos. A medida que la carrera profesional evoluciona y los años de experiencia se acumulan, estos se elevan. Sin embargo, la desigualdad entre grupos de edad se ha acentuado desde 2006, debido a que el crecimiento de las rentas ha seguido un ritmo desigual.

Gráfico 19. Evolución de los salarios medios por grupo de edad. Índice 2016 = 100

Fuente: Elaboración propia, a partir de la Encuesta de Población Activa, Instituto Nacional de Estadística (INE)

Tal como podemos observar en el gráfico 19, su evolución ha sido mucho menos satisfactoria para los más jóvenes y la diferencia entre grupos se acentuó en periodos de crisis.

Como indicábamos, es lógico que los más jóvenes reciban salarios más reducidos que otras cohortes de edad, pero si a lo largo del tiempo el crecimiento se mantiene por debajo, la desigualdad se acrecentará cada vez más, con las implicaciones que eso conlleva.

4.2. Empleo más precario

Adicionalmente, no solo los salarios son más bajos, sino, además, menos estables, lo que provoca que los empleos de los jóvenes resulten aún más precarios. Como podemos comprobar en el siguiente gráfico, la temporalidad entre los más jóvenes es mucho más alta, y no solo eso, sino que, mientras que a partir del grupo de edad de 30 a 39 años, esta se ha reducido desde 2006, para los menores de 30 ha aumentado desde unos niveles que ya eran de por sí considerables (gráfico 20).

Gráfico 20. Porcentaje de asalariados con contrato temporal por grupo de edad

Fuente: Elaboración propia, a partir de la Encuesta de Población Activa, Instituto Nacional de Estadística (INE)

4.3. Alta tasa de desempleo juvenil

A los salarios bajos y al empleo precario se suma la peor situación posible: una elevada tasa de desempleo. Mientras otros países gozan de mercados laborales capaces de ofrecer oportunidades a los jóvenes y de atraer talento extranjero, la economía española no logra disminuir su tasa de paro juvenil. Como vemos en el gráfico 21, España se trata del país de la OCDE con una mayor tasa, muy por encima de otras naciones de su entorno y casi triplicando la media de los países desarrollados.

Gráfico 21. Tasa de desempleo juvenil por sexo y países (octubre 2020)

Fuente: OCDE

4.4. Acceso más tardío al mercado laboral

Sea por una formación insuficiente que impide el acceso al trabajo, o la prolongación de los años académicos debido a las condiciones profesionales que se ofrecen a los más jóvenes, la realidad es que este colectivo ingresa cada vez más tarde en el mercado laboral.

Al menos, así lo refleja el Banco de España: la tasa de actividad en España entre aquellos con una edad inferior a los 30 años se ha reducido de manera ostensible tras la crisis, pasando del 70% en 2007 al 53% hacia mediados de 2019, tal como se observa en el gráfico 22.

Gráfico 22. Tasa de actividad por grupo de edad en España (2002-2020)

Fuente: Elaboración propia, a partir de la Encuesta de Población Activa, Instituto Nacional de Estadística (INE)

Por otro lado, la tasa de abandono escolar en España, la cual se cifró en el 17,3% en 2020, se sitúa como la más alta de Europa y aunque se encuentra lejos de los registros marcados en 2006 (30,3%), todavía queda mucho para cerrar la brecha con otros países de nuestro entorno.

4.5. Cambios en las preferencias

Otro factor importante radica en los cambios en las preferencias de los jóvenes. Según la percepción de la sociedad, estos cada vez rechazan más la propiedad de una vivienda y tienden a dedicar una mayor parte de su presupuesto a experiencias y ocio que sus predecesores.

Sin embargo, aunque es cierto que nuestra sociedad se muestra más líquida y volátil que nunca, el argumento de que los jóvenes no quieren adquirir vivienda y que, por esa razón, acumulan menos riqueza neta resulta cuestionable. Precisamente porque, según el Barómetro de junio de 2019 elaborado por el CIS, de entre las personas titulares de un alquiler, el 45% no disponía de suficientes ingresos para comprar una vivienda propia. Al mismo tiempo, y más relacionado aún, el 81,8% de los entrevistado preferiría, si pudiera, adquirir una a vivir de alquiler.

Lo anterior parece reflejar que no se ha producido un cambio de paradigma en España en cuanto a las aspiraciones vitales. Los españoles siguen queriendo poseer una vivienda. El problema estriba en que no pueden. Lo cual, unido a la falta de educación financiera y el difícil acceso a la financiación, ocasiona que tampoco se planteen objetivos de ahorro y generación de riqueza a largo plazo.

4.6. Dificultades en la compra de vivienda

Antes de la crisis de 2008, época en la que se concedía crédito fácil, rápido y sin restricciones, muchas personas accedieron a una vivienda. Gran cantidad de jóvenes entraban al mercado laboral e inmediatamente contrataban una hipoteca.

Actualmente, a pesar de los esfuerzos de los bancos centrales por inyectar dinero a la economía a bajos tipos de interés, el flujo de crédito presenta muchas más limitaciones. La quiebra de las cajas de ahorro en España y la difícil situación a nivel mundial hizo que se impusieran requisitos de capital mucho más exigentes para la banca y que los estándares de riesgo cambiaran radicalmente.

Por ello, a pesar de que el precio de la vivienda en relación a la renta mediana de una persona joven es inferior, el acceso a ella se torna mucho más complicado por el capital inicial necesario siquiera para formalizar la compraventa.

4.7. Falta de educación financiera

Por último, la falta de educación financiera origina que los jóvenes estén cada vez menos interesados por la inversión, el ahorro y la planificación de sus finanzas a largo plazo, pese a que este tipo de formación se hace más necesaria en tanto en cuanto el sistema monetario se vuelve más complejo.

Según la encuesta del Banco de España que evalúa conocimientos financieros básicos sobre inflación, tipo de interés compuesto y diversificación del riesgo, menos del 50% respondió de forma correcta a cada una de las tres cuestiones al respecto. Esto denota que al menos 1 de cada 2 personas no sabe ni en qué consiste la inflación, un concepto fundamental para evitar la destrucción del ahorro a largo plazo. Tampoco entiende de forma correcta el interés compuesto, lo que impide que se puedan aprovechar de la inversión a largo plazo y que parte de sus ahorros crezcan con el tiempo a través de la inversión. Y, en tercer y último lugar, tampoco conocen el concepto de diversificación del riesgo, lo que entrañaría el peligro de que, incluso aunque estuvieran familiarizados con los dos términos anteriores, concentraran sus inversiones en exceso y que, eventualmente, pudieran experimentar drásticas contracciones de su patrimonio. Por último, no por ello menos importante, es muy imprudente e irresponsable por parte de aquellos con poder de cambiar las cosas el justificar la difícil situación de los jóvenes esgrimiendo el cambio en sus preferencias. Siendo cierto que estas han evolucionado, también lo han hecho en otros países de Europa, y no por ello se ha producido semejante destrucción de riqueza ni falta de oportunidades, y sus profesionales jóvenes más formados no han huido en busca de mejores condiciones de vida.

5. Conclusiones

La situación de los jóvenes ha sido complicada durante los últimos años y ha empeorado de manera drástica. La covid-19, si ya de por sí ha resultado destructiva para la economía en general, se ha cebado con aquellos más vulnerables, entre los que, a nivel económico, figura este grupo de edad. La economía española debe cambiar, empezando en las nuevas generaciones. Unas que, si tienen la suerte de contar con un empleo, es en unas condiciones laborales nefastas, con bajos salarios, alta temporalidad y poca estabilidad. Esto les impide formar una familia, lo que reduce tajantemente el crecimiento vegetativo de la población. Esto, a su vez, dificulta el sostenimiento del sistema público de pensiones. Tampoco existe educación financiera suficiente como para que los jóvenes adquieran conciencia de que el panorama que les ha tocado vivir no es la habitual y tampoco lo es en otros países de Europa, solo en España, y una de las raíces de los problemas que sufre su economía.

Por su parte, y de manera transversal, tanto la educación básica como la superior están degradadas, el abandono escolar sigue resultando excesivamente alto y hace falta una reforma. Pero no una que iguale a la baja, sino que eleve los estándares de exigencia. Será la única forma de que la juventud española empiece a encarar el futuro.


Bibliografía
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