24
nov

Donald Trump ha perdido las elecciones a la presidencia de EE.UU. Esa es la realidad, la acepten o no sus seguidores. ¿Qué hay de bueno en ello? La polémica está servida. Tras las infundadas acusaciones de fraude del aún  presidente estadounidense, se ha desatado una verdadera ola de noticias falsas sobre supuestos pruebas que luego resultan ser no más que vídeos antiguos sacados de contexto. El uso de la mentira en política no es nada nuevo. Sin embargo, sí inusual, en un país como EE.UU., la propagación de mentiras tan significativas como para crear una inmensa desconfianza en las instituciones y que millones de personas consideren que se han amañado las elecciones en una de las democracias más consolidadas del mundo. Sin embargo, el tema que nos ocupa hoy no son las rabietas del presidente Trump, que, sin duda, continuarán durante las próximas semanas, sino lo negativo de la era que se cierra en EE.UU. y qué puede mejorar el próximo presidente, Joe Biden.

Hemos de recordar el año 2016. Trump ganó los comicios prometiendo medidas antiinmigración y proteccionistas, como la construcción de un muro con México o la aplicación de altos aranceles a, por ejemplo, China, y aunque ha cumplido muchas de ellas, el impacto de estas políticas no ha sido positivo. Así, dista mucho del “milagro económico” en el que parecen creer muchos de sus fervientes seguidores , pero se ha aprovechado de la propaganda oportunista, una tendencia comenzada en la era de Barack Obama. Los pretendidos beneficios de su guerra comercial en términos de empleo y crecimiento del PIB los ha desmentido la ciencia económica.


Los pretendidos beneficios de su guerra comercial en términos de empleo y crecimiento no han sido tales


Ahora bien, ¿cambiará esta tendencia proteccionista con Biden como presidente? Resulta difícil dar marcha atrás en esa escalada llevada a cabo por el republicano, pero podríamos esperar un freno en esta guerra comercial y una actuación menos agresiva por parte del demócrata. Ahora bien, Biden no es antiproteccionista ni mucho menos. Su plan “Made in America” no pasa por derribar las barreras comerciales de Trump, y probablemente el proteccionismo no caerá hasta los niveles previos a la era populista hasta dentro de un buen tiempo, si es que llega ese momento.

El aumento de los aranceles y de los impuestos a China y otros países han tenido como consecuencia más aranceles en represalia, así como mayores costes para los estadounidenses, y suponen una de las mayores subidas de impuestos en Estados Unidos de las últimas décadas, a pesar de venir de mano de un gobierno que reclamaba grandes —y muy problemáticas para el presupuesto público— reducciones de tributos. Las predicciones de recaudación posreforma fiscal no se han cumplido, a pesar de las falsas esperanzas en un incremento de esta, derivada de un crecimiento de la actividad a consecuencia de una mejora de la renta disponible de los ciudadanos. Una demostración más de que EE.UU. no está —al igual que España— en la parte derecha de la curva de Laffer.

Así pues, ¿en qué se ha basado la presidencia de Trump? En faltar a la verdad y en promesas imposibles de cumplir. Populismo de manual. Está por ver si el vencedor de las elecciones y próximo presidente de Estados Unidos, por muchas falsas acusaciones que le dirija el Partido Republicano, decide romper con esta tendencia, si bien no parece que vaya a haber un cambio realmente radical a favor del libre comercio. En cualquier caso, es bueno saber que el pirómano ya no tiene la cerilla.


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