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oct
Actualidad Económica

Según el último Índice Global de la Competitividad del Foro Económico Mundial (WEF), este año España ha conseguido subir tres puestos, hasta el 23, de un total de 141 países analizados. Este índice tiene en cuenta 12 pilares de competitividad, que abarcan las infraestructuras, la adopción de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), la estabilidad macroeconómica, la sanidad y, especialmente, el mercado laboral, a través de la combinación de 98 indicadores procedentes de instituciones internacionales y encuestas del propio WEF.

Los países más competitivos han sido Singapur, Estados Unidos y Hong Kong. Entre los europeos, destacan los Países Bajos, con la cuarta posición (82,4), que le han permitido arrebatar el liderazgo del Viejo Continente a Alemania. No obstante, este envidiable puesto se debe al rendimiento decreciente que han mostrado los germanos, y no a que los holandeses hayan implementado mejoras. De hecho, Alemania le pisa los talones (81,8), seguida, con 81,2 puntos, por Suecia, Reino Unido y Dinamarca. Aunque Alemania ha obtenido las mejores calificaciones en innovación y estabilidad macro, es el único Estado que ha caído cuatro puestos, debido a que flaquea en cuanto a inversión en infraestructura digital. En el otro extremo, entre los europeos menos competitivos, se encuentran Croacia (61,9), Grecia (82,6), Bulgaria y Rumanía (64,9). La competitividad de España se sitúa en undécima posición entre los miembros de la zona euro, y sobresale en el ámbito de la salud.

Fuente: Actualidad Económica

Esto se debe al índice de esperanza de vida, en el cual ocupamos el primer puesto. Por otra parte, cabe reseñar que hemos ascendido en la clasificación gracias a los progresos experimentados en la gran mayoría de indicadores, y no a consecuencia de que otras naciones hayan empeorado, como es el caso de los Países Bajos. El cambio más relevante para España ha sido el relativo a la adopción de las tecnologías de la información. Esta comprende aspectos como la difusión de la tecnología, la utilización de internet y la calidad de la fibra óptica, todos ellos elementos clave para la competitividad de un país. Sin embargo, España no se muestra competitiva en el ámbito laboral, ya que este se encuentra estancado y es poco flexible.

Lamentablemente, tras Grecia, se trata del Estado europeo con un mayor porcentaje de desempleo (15,3%). España, al igual que el resto de naciones más desarrolladas, ha avanzado en la cuarta revolución industrial significativamente. No obstante, esto puede generar una triste paradoja: la mejora de nuestra tecnología comportará la destrucción de empleo por la creciente automatización y la inteligencia artificial. Por ello, convendría que nuestros políticos se pusieran las pilas, para que no suba más la ya alarmante tasa de paro que padecemos. El desafío está en que seamos competitivos en todos los frentes.


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