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jul
Expansión

Entre 1936 y 1939 nuestro país sufrió la que ha sido, sin duda, una de las mayores calamidades de su historia. Lo que empezó como un golpe de estado de resultado incierto, desembocó en una guerra civil que, a lo largo de casi tres años, devastó buena parte del país. La contienda fue larga, con un progreso casi constante de los nacionales y un retroceso continuo de los republicanos, quienes, aunque lograron resistir en Madrid hasta el último momento, nunca lograron que sus ofensivas y contraataques tuvieran el éxito deseado. Fue una guerra cruel, tanto en el frente de batalla como -lo que es a aún peor- en las retaguardias de ambos bandos. El número de víctimas fue muy elevado, aunque no tanto, ciertamente, como afirmaban las fuentes oficiales, que las exageraron de forma notable. Durante muchos años, el dogma oficial fue que el número de muertos llegó a un millón. Hoy, las estimaciones más razonables sitúan esa cifra algo por encima del medio millón; y este dato incluye las ejecuciones masivas de civiles que tuvieron lugar en la retaguardia de las dos zonas. Aunque no tenemos dates precisos, parece que en los primeros meses de la guerra el número de ejecuciones fue similar en uno y otro lado, escandalosamente alto en ambos casos; pero, a medida, que el bando republicano iba perdiendo territorios y el nacional los iba ganando, las ejecuciones fueron más numerosas en la zona nacional. Además de provocar grandes pérdidas humanas y económicas, la guerra destrozó desde el punto de vista social y moral. Harían falta décadas para recomponer la división de la nación en dos bandos; y parece que, en los últimos años, hay quien sigue empeñado en insistir más en lo que separa a los españoles que en lo que los une.

Recuperación

Cuando termina una guerra de esta naturaleza hay que pensar en la reconstrucción. Y en este tema la experiencia histórica nos muestra situaciones muy diferentes, en el sentido de que algunos países se recuperaron mucho mejor que otros. Por lo general, aquellos que optaron por modelos de economía de mercado obtuvieron resultados mucho más favorables que los que se orientaron hacia el socialismo y la planificación. Los casos de la República Federal Alemana frente a la República Democrática o de Corea del Sur frente a Corea del Norte confirman claramente esta idea. Pero el desarrollo económico de España entre el año 1939 hasta 1975 tiene la peculiaridad de que el país, sin cambiar de régimen político, modificó de forma sustancial su modelo económico a lo largo de este extenso período; y la evolución de su economía fue, en consecuencia, muy diferente en las diversas épocas del dilatado Gobierno del general Franco.

Los primeros años de la posguerra fueron especialmente duros para la población. Con un nivel de vida significativamente más bajo que el de 1935, hubo escasez y hambrunas de todo tipo. La versión oficial era que la Segunda Guerra Mundial y, posteriormente, el bloqueo económico al que fue sometido el país hicieron muy difícil la recuperación de la economía. Y ambos factores fueron relevantes, sin duda. Pero, en esta versión de los hechos, se olvida el papel que desempeñó una política económica anal orientada, absurda en muchos casos, dirigida, primero a la autarquía y, más tarde al control estatal de gran número de actividades económicas. Una anécdota puede servir para definir lo que ocurría en el país. José Larraz, que fue ministro de Hacienda inmediatamente después de la guerra, describe así su impresión sobre el programa económico de Franco, que éste le expuso en la entrevista en la que le ofreció la cartera ministerial: “Franco tenía las ideas económicas de un bizarro capitán recién salido de la Escuela de Guerra”. Y un hecho indicativo de cómo se hacían las cosas y la obsesión del Estado por controlarlo todo es que en España existieron cartillas de racionamiento hasta 1951, es decir, doce años después de terminada la guerra. Alemania, que se había rendido en 1945, suprimió sus cartillas de racionamiento en 1949.

Pero, afortunadamente, las cosas cambiaron… y mucho. En la década de 1950, la economía española empezó a abrirse; y el Plan de Estabilización de 1959 dio paso al período de crecimiento económico más intenso de nuestra historia. Diez años más tarde, España era un país diferente y la guerra había quedado definitivamente atrás.


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