08
feb
Promecal

El mundo de las pequeñas y medianas empresas participa de la filosofía que sostiene el refranero castellano cuando dice que a perro flaco todas son pulgas. No se trata de una visión negativa de las pymes, sin embargo, es cierto que a pesar de representar en España el 99,88% del tejido productivo total, de contar con el 75% de los empleos dados de alta en la Seguridad Social y 65% del PIB, son las más vulnerables con serios problemas de liquidez ante una crisis económica como la que vive el país provocada por la pandemia, y las que mayores dificultades tienen para, por ejemplo, internacionalizarse, digitalizar sus estructuras, encontrar financiación, retener el talento o dar el relevo con normalidad en el momento de la sucesión.

En este contexto, el enorme peso de las pequeñas y medianas empresas sitúa a España en una clara posición de desventaja para salir de una crisis, como ya se vio en 2008 y se repite en la actualidad, dados sus ajustados recursos humanos, técnicos y económicos, lo que las hace muy vulnerables en tiempos de complicaciones severas.

Así, el porcentaje de empleados que han perdido las micro empresas desde la llegada de la pandemia ha sido de un 31,5% frente a un 24% de las medianas, mientras que en las grandes solo lo hizo en un 0,1%, según revela un informe publicado por la Fundación Civismo firmado por el economista Francisco Coll.

En este sentido, además de destruir más contrataciones en épocas de crisis debido a una menor inversión en capital y la dificultad para innovar, tienden a obtener también una menor tasa de productividad que, en el caso de España, lleva estancada 20 años, según sostiene Coll, que subraya, también, que si estas sociedades ganaran tamaño mejorarían este índice como lo demuestran los casos de éxito reales que se han situado a la altura de las corporaciones europeas.

Pese a las ventajas que suponen las grandes corporaciones en cuanto a inversión en I+D, productividad, mejores salarios y rentabilidad, en España solo representan el 0,12% del conjunto empresarial, mientras que en Alemania ascienden al 0,47%, es decir, cuatro veces más.

La Fundación Civismo defiende la necesidad de incentivar el crecimiento de las compañías del país para hacerlas más resilientes de cara a afrontar situaciones difíciles y de ahogo como la actual.

La pyme española, que cuenta con 4,7 empleados de media, flaquea en productividad, internacionalización, captación de talento y tamaño, lo que representa un lastre para el crecimiento y para que la economía nacional gane peso internacional, lo que provoca que sociedades extranjeras ocupen posiciones relevantes tanto en el país como en los mercados exteriores donde las firmas nacionales han tratado de ganar peso.

En el actual marco económico, el Banco de España denuncia que prevé un nuevo endurecimiento de los criterios de concesión de préstamos en el primer trimestre de 2021, especialmente en el segmento de empresas, después de un último trimestre de 2020 en el que la oferta crediticia se contrajo por el aumento de los riesgos percibidos por las entidades ante el deterioro de las perspectivas de desarrollo económico de la segunda y tercera ola de la pandemia y, sobre todo, ante la incertidumbre que se ha generado en los últimos meses respecto a la recuperación.

En este sentido, la evolución observada de la ratio de morosidad ha dificultado la liquidez de la banca para dar financiación a pequeñas y medianas empresas y anticipa una posible prolongación de estos condicionantes durante el primer semestre del año. Un efecto que las grandes corporaciones resuelven de una manera más rápida y eficiente gracias a sus estructuras técnicas y humanas que están mejor preparadas y que, en la mayoría de las ocasiones, saben anticiparse a la falta de solvencia y liquidez.

Muchos economistas defienden que sería necesario favorecer que las pymes superaran los 50 trabajadores, una cifra que en España parece casi imposible y a la que muy pocos empresarios quieren llegar debido a una legislación que las penaliza con mayores impuestos y requerimientos, lo que provoca que lejos de incentivar que estas sociedades crezcan, las condenan a que sigan siendo pequeñas. Solo el 0,7% de las corporaciones nacionales tienen 50 o más asalariados, según un informe de la Comisión Europea, que expone que la media en la zona euro alcanza el 1,3%. Además, el 94,4% de las pymes del país no llega a las 10 personas contratadas, frente a Alemania que está en el 81,8%, en el Reino Unido al 88,9% y, en el caso, de Francia al 93,7%.

Olvidadas

En este escenario, los expertos sostienen que las compañías medianas de entre 50 y 249 empleados, que facturan entre 10 y 50 millones de euros, son las gran olvidadas y las más castigadas. Las consecuencias de esta realidad son que las firmas pequeñas son menos productivas, tienen mayores dificultades para la internacionalización y no disponen, por lo general, de acceso a financiación. Una realidad con tres impactos coyunturales que están relacionados y que sostienen que a mayor tamaño, mayores posibilidades de salir a competir al exterior, mayores beneficios, profesionales más cualificados y con salarios más altos.

Se trata de peajes muy altos que el Gobierno debe perfeccionar cuando trata la fiscalidad de las grandes empresas a las que exige pasar por auditorías y burocracias excesivas con costes innecesarios y, por el contrario, ofrecer una mayor flexibilidad que invite a las pymes nacionales a dar el salto a un formato más eficiente y competitivo que, además, repercuta en una mayor recaudación para el Estado.


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