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sep
Expansión

El comienzo del curso académico ha coincidido con la publicación de abundante información que confirma que la economía mundial no termina de despegar. El crecimiento global lleva cinco años, incluyendo 2016, por debajo de la media de su tendencia a largo plazo. Además, el FMI ha avisado de que, en otoño, podría revisar sus previsiones de julio a la baja. Sería un síntoma de que los problemas de fondo de la economía mundial no sólo no se resuelven, sino que se agravan, y pueden causar un estancamiento durante un largo periodo.

¿Cuáles son los motivos de esta parálisis en el crecimiento?

1º) El  fracaso de los responsables políticos de los principales países del mundo a la hora de resolver los problemas que aquejan desde hace mucho tiempo a sus economías, como son: a) la dificultad de mantener el sistema de pensiones de reparto, debido al envejecimiento de la población,  b) la creciente desigualdad en la distribución de la renta causada por la grave crisis económica mundial (2008-2013), que ha tenido como consecuencia el aumento del desempleo y la reducción de los salarios en los colectivos menos privilegiados, c) la mayor inseguridad económica y laboral de aquellos ciudadanos de baja cualificación profesional, lo que ha contribuido a aumentar el agravio comparativo y la brecha entre ellos y los que disfrutan de contratos fijos y seguros.

Este sentimiento de insatisfacción de una parte importante de la población de los países desarrollados ha derivado en una grave crisis de legitimidad política, es decir, un divorcio entre los representantes y los representados. La consecuencia es la emergencia, con más rapidez de lo que se imaginaba, de movimientos políticos populistas, aislacionistas y xenófobos que se oponen a la apertura económica con la esperanza de preservar así su identidad y bienestar material. Ejemplos no faltan: a) el adiós británico a la Unión Europea (UE) bajo el eslogan “Inglaterra para los ingleses”, b) el avance del partido populista Alternativa para Alemania frente a la política migratoria adoptada por la canciller Angela Merkel, c) el candidato republicano a la presidencia de EEUU, Donald Trump, apelando a los intereses de los americanos frente a la apertura a los inmigrantes y a las importaciones baratas de China y América Latina, d) los gobiernos del Grupo de Visegrado (Polonia, Hungría, la República de Chequia y Eslovaquia), que están utilizando la xenofobia y el populismo para reiterar su total oposición a las políticas de la UE, especialmente en materia de refugiados, e) el triunfo en Austria del Partido por la Libertad, que, además de ultraderechista, es muy influyente y carismático frente a los partidos clásicos, que van para abajo y actúan como dinosaurios, sin identificarse con los problemas de los ciudadanos y, por tanto, sin aportar soluciones, f) la posibilidad de que Marine Le Pen gane las elecciones francesas del año que viene enarbolando la bandera de que hay que reducir la desigualdad y ofreciendo un referéndum para que Francia abandone la UE. En resumen,  la  ultraderecha abiertamente racista y proteccionista que avanza hacia la descomposición del orden económico internacional.

2º) La transformación económica de China, dirigida a favorecer su consumo interior frente a las exportaciones. Durante la primera mitad de este año, el comercio internacional del gigante asiático se redujo un 7,8%. La política que han adoptado es la de dedicar más recursos a aumentar la producción de bienes de consumo y al sector servicios, con el fin de satisfacer más adecuadamente las necesidades de sus ciudadanos, a la vez que reducen las exportaciones. Va, por tanto, en la misma dirección que señalábamos más arriba de cerrar su economía al exterior.

El resultado ha sido una caída espectacular y un menor crecimiento económico de China, que está arrastrando al resto de los países emergentes, sobre todo a los productores de materias primas. El precio del petróleo vuelve a estar por debajo de los 50 dólares el barril (Brent), y se espera que se mantenga alrededor de dichos niveles debido a la baja demanda que causa el enfriamiento económico del mundo. Al mismo tiempo, se han incrementado los stocks de crudo por la alta producción de EEUU y Rusia, así como por la entrada en escena de países productores-exportadores como Irán e Irak.

Estos bajos precios del petróleo están motivando un desequilibrio fiscal en los países productores, por lo que han debido aplicar ajustes tributarios, cancelar proyectos de inversión y sufrir la quiebra de diversas empresas que, directa o indirectamente, prestan servicios en el sector de los hidrocarburos. Una situación que está conduciendo a un menor crecimiento de sus economías y a un aumento en el número de parados. Es decir, los mercados emergentes se enfrían y se están enfrentando a una dura y nueva realidad. Así, Brasil, Rusia y las dos mayores economías de África (Nigeria y Sudáfrica) se hallan en recesión. Otro caso importante es el de Venezuela, cuyo gobierno viene mostrando un inmenso desajuste fiscal, junto con una descomunal devaluación del bolívar y una muy elevada inflación. Además, se enfrenta al impago de los préstamos recibidos por China y a una reducción de la calificación de riesgo de su petrolera PDVSA.

En definitiva, nos encontramos con un mundo muy inestable e incierto, lo que  limita la toma de decisiones de inversión de los empresarios en un futuro cercano. Esperemos que para finales de este año las perspectivas económicas y políticas se clarifiquen y que, poco a poco, vayan disminuyendo las probabilidades de un mayor enfriamiento. Las proyecciones a largo plazo están por escribirse. Mientras tanto, debemos seguir analizando los datos de coyuntura que se vayan publicando. Es muy posible que el crecimiento de la economía mundial se reduzca ligeramente, lo que, desgraciadamente, puede transmitir mucha volatilidad a los mercados. En cuanto a la estabilidad política, dependerá de cómo se resuelva el Brexit, las elecciones en EEUU, Francia y Alemania y, posiblemente, las de España.

En definitiva, parece que el péndulo político está oscilando desde la defensa del comercio internacional, la asignación eficiente de recursos y la globalización hacia el proteccionismo en los mercados y la limitación a la libre circulación de personas. No es casualidad que, en la primera mitad de este año, el comercio mundial registrara, en términos reales, tasas negativas de crecimiento de más del 5%.  

En este contexto, la economía española es una excepción, ya que las exportaciones siguen creciendo.  Algo que afortunadamente viene sucediendo desde el inicio de la crisis, en 2008, cuando nuestras empresas salieron al exterior, fortaleciendo las ventas y la inversión directa en el extranjero. Esta estrategia ha sido vital para la continua y ardua recuperación que ha vivido la economía española en los últimos años. Desgraciadamente, la incertidumbre política podría llevar a que se reduzcan las inversiones y los planes de expansión de las empresas, poniendo fin al elevado crecimiento del quel actualmente goza la economía de nuestro país. 


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