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apr
OkDiario

En un escenario en el que no preveía nadie. Así es como se ha visto el planeta tras el fuerte brote de contagios que ha ido generando el coronavirus. La pandemia ha cambiado de forma radical los planes y las líneas de actuación de los distintos gobiernos, recientemente inmersos en el nuevo ejercicio político e, incluso algunos, en plena campaña política para la reelección; como es el caso de Donald Trump.

España, México, Estados Unidos, todos los países se están viendo duramente sacudidos por esta grave, y contagiosa, pandemia. En el caso de España, el presidente Pedro Sánchez, se enfrenta a una de las mayores crisis de la historia. Una crisis que, ante lo ocurrido, dejará sin margen de actuación a un presidente que, entre sus promesas, pretendía incrementar las partidas de gasto público social. Un gasto que, ante lo ocurrido, deberá revisarse muy a la baja; incumpliendo así, por otro lado y valga la redundancia, parte de sus promesas electorales.

Algo similar es lo que ocurre en México. Un país gobernado por el presidente, también de izquierdas, Andrés Manuel López Obrador (AMLO, por sus siglas). Inició su legislatura hace un año con errores tan graves como las promesas incumplidas en el crecimiento económico del país. Promesas que pretendían cumplirse este año, ante el optimismo que ofrecía un acuerdo como el firmado con los vecinos del norte y con el que pretendía reforzarse ese 80% del sector exterior que México, con un producto interior bruto (PIB) tan dependiente del comercio exterior, comercia con los Estados Unidos.

Y al igual que ha ocurrido con España, México también se ha visto en la tesitura de tener que cambiar su línea de actuación para este año. Una afirmación que pese a no haber sido anunciada por ambos presidentes, está ya más que descontada. Y es que, no se puede cumplir con promesas enfocadas a un escenario que, en estos momentos y por mucho optimismo que tratemos de aportar, no es, ni mucho menos, el escenario que veíamos hace unos meses. La fuerte apuesta económica para afrontar el coronavirus ha concentrado todos esos recursos que, hasta hace unas semanas, representaban ese escaso fondo de maniobra.

Sin embargo, si hay una persona a la que esta crisis le ha salpicado, además de haberle salpicado con intensidad, esa persona es el presidente de los Estados Unidos. Donald Trump iniciaba este ejercicio político con el mayor de los optimismos, además de con un claro objetivo: la Casa Blanca. Sin embargo, el fuerte brote de coronavirus que está acechando al país anglosajón, en un escenario en el que Nueva York sigue sumida en un caos sanitario, se ha interpuesto en la carrera hacia la presidencia.

Y es que, si hacemos una crónica de la actuación del presidente Trump desde que la pandemia se puso en conocimiento de todos, podemos observar como el coronavirus, pese al optimismo injustificado, era una de las mayores preocupaciones para el Trump; sin embargo, estos supieron ocultar esa preocupación muy bien. Desde el inicio del brote vírico, Trump centró su discurso en un optimismo que trataba de calmar una histeria colectiva que se extendía a mayor ritmo, incluso, que el propio virus.

Es más, si observamos un gráfico que muestra la preocupación de los ciudadanos norteamericanos sobre el brote vírico, podemos observar claramente ese sesgo del que hablamos, pues cuando dividimos la encuesta por rama ideológica, la gráfica es muy ilustrativa. Recoge una brecha bastante pronunciada entre la preocupación existente en aquellos ciudadanos que votan al partido demócrata, así como, por otro lado, los ciudadanos que votan al partido republicano. En este sentido, los votantes de Trump, los votantes republicanos, muestran una preocupación mucho más limitada, ante los discursos de su presidente.

Lo mismo ocurre con los viajes y la movilidad. Como bien recoge el gráfico que publica The Economist y que mostramos a continuación, mientras que los estados demócratas, los cuales votaron a Hillary Clinton, a través de un seguimiento telefónico mediante GPS, han reducido sus viajes y su movilidad en un 44%, como es el caso de Florida.

Wyoming, por ejemplo, muestra un descenso en la movilidad y los viajes del 22%. Nuevamente, un claro sesgo ideológico, basado principalmente en estos discursos optimistas a los que hacíamos alusión y que trataba de transmitir el presidente.

Si uno se pregunta a qué se debe esta situación, podemos comenzar a desarrollar hipótesis, las cuales poseen más sentido unas que otras. Sin embargo, si atendemos al discurso político y vemos los pasos de Donald Trump en estos últimos meses, podemos darnos cuenta como la mejor herramienta política de Trump, en la que confiaba la reelección y en la que basaba todo su poder, era la propia economía. Una economía que, incluso con presiones al propio Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal, seguía avanzando a buen ritmo. Un ritmo de crecimiento que seguía por encima de ese umbral del 2% que dejaba bien situada a Trump para los nuevos comicios, ante una oposición muy movilizada.

Sin embargo, sin pensarlo nadie, un “virus chino” se interpuso entre Trump y la presidencia, obligándole a sacrificar su ansiada estrategia política, cerrando el país y, desgraciadamente para el y los estadounidenses, lastrando la economía norteamericana. Una arriesgada apuesta, por lo que Trump pretendió librar una batalla al virus con la continuidad de la actividad económica, hasta que la batalla no podía librarse, pues los fallecidos en la ciudad de Nueva York se sucedían cada 9 minutos, colapsando los hospitales en la Gran Manzana.

La situación para Trump es complicada, a la vez de frustrante. Tras superar un impeachment, las críticas, así como todo por lo que ha pasado este presidente, el coronavirus, a unos meses de las elecciones, se interpone en la carrera por la presidencia del candidato favorito del partido republicano. La mejor noticia, sin lugar a dudas, para el partido demócrata.

Un partido que sabía que la única baza que le quedaba a Donald Trump para convencer a los norteamericanos era una economía estimulada que registraba buenos indicadores, pero que, ante lo acontecido en las últimas semanas, se esfumará, dejando Trump desamparado, exponiendo las vulnerabilidades sociales que, anteriormente, no pudo aprovechar la oposición; pero que ahora sí.


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