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Introducción

La situación que vive España, y especialmente la que ha vivido a lo largo del último mes, es absolutamente dramática. La pandemia de Covid-19 se ha cobrado miles de vidas y generado un enorme sufrimiento en multitud de familias.

Una crisis sanitaria de tal calibre siempre va acompañada de otra posterior, de índole económica y política, que tiene repercusiones sobre millones de ciudadanos. No en vano, a partir de enero en China, y a finales de febrero o principios de marzo en el resto del mundo, se ha producido un grave parón en la economía. La española, según datos aportados por Rafael Doménech y Jorge Sicilia [1], de BBVA Research, habría registrado un uso del 80% de su capacidad productiva total en la fase menos severa del confinamiento, y de un 60% en la más dura (la primera quincena de abril), durante la cual, solo los negocios estrictamente esenciales estuvieron autorizados para abrir. Asimismo, los sectores más asociados al “consumo social” experimentaron caídas próximas al 100% interanual en volumen de ingresos [2]. Estas consecuencias del ‘gran encierro’ (en términos del Fondo Monetario Internacional) han tenido, tienen y tendrán fuertes impactos sobre indicadores como el crecimiento del PIB, las cifras de desempleo, la temporalidad, o el déficit y la deuda pública. Repercusión que estudios recientes tratan de estimar.

Partiendo de un escenario base, el informe Perspectivas de la Economía Mundial [3] pronostica un descenso del PIB español del 8% para 2020, y un déficit público en torno al 9,5% de este. Estas estimaciones son las más optimistas dentro de los múltiples escenarios proyectados. Otros informes, caso del último publicado por el Banco de España [4], prevén una caída del PIB del 13% para este ejercicio, que cerraría con un déficit público del 11%, mientras que el nivel de deuda pública aumentaría hasta el 120%. Todo ello, a su vez, redundará en graves perjuicios sobre el mercado laboral. Así, todos los informes coinciden en que la tasa de paro superará el 20% tras la crisis sanitaria, con una fuerte destrucción de empleo juvenil y una tendencia alcista en la ya elevada tasa de temporalidad.

Por ello, una vez que parece que comenzamos a doblegar las curvas de contagiados y fallecidos diarios a causa de la Covid-19, conviene realizar un análisis coste-beneficio del confinamiento y de las compensaciones que este haya podido generar, con sus consecuentes efectos.

La ciencia económica se centra constantemente en evaluar los costes y beneficios de cada situación, tratando de encontrar la decisión óptima o menos dañina -basándose en los costes de oportunidad- en cada escenario. Para ello, existen multitud de marcos teóricos y herramientas analíticas que permiten estimar, ex-ante y dentro de estos parámetros, las consecuencias de cada política pública. Antes de estudiar los trade-offs de la coyuntura actual, hay que tener en cuenta que la relación entre la economía y la salud no es lineal o directa, por lo que, además, resulta extremadamente compleja.

Aun así, disponemos de algunos instrumentos cuantitativos para conocer el coste económico del confinamiento en vidas humanas, y calcular desde ahí el punto de inflexión del propio encierro. Es decir, el momento a partir del cual, este, en términos monetarios agregados, dejará de tener efectos positivos sobre la ciudadanía española y comenzará en cambio a suponer una política pública regresiva, cuyo coste, aunque sea aplazado (en forma de pérdida de calidad de vida, desempleo, muertes por causas asociadas), superará a su beneficio social. Para poder realizar dichos cálculos, aunque en el plano filosófico y moral defendamos que el valor de una vida es infinito, ha de poder cuantificarse su valor monetario, no porque consideremos que resulte éticamente correcto, sino porque, en situaciones como la actual, en las que el Gobierno ha de tomar decisiones drásticas que afectan a 47 millones de personas, se han de tener en cuenta el mayor número de factores posibles.

¿Cómo cuantificar el valor de una vida?

La pregunta correcta no sería exactamente a cuánto asciende el valor monetario de una vida, sino cuánto está dispuesta a pagar la sociedad por reducir ligeramente la mortalidad agregada a cambio de disminuir (en algunas ocasiones, de forma radical) la calidad y esperanza de vida futuras. Para realizar dichas ponderaciones e introducirlas en un modelo de optimización restringida, con el objetivo de analizar los ya mencionados trade-offs de las políticas públicas, se emplea una herramienta conocida como Valor de una Vida Estadística (VVE), que, grosso modo, representa el valor monetario asignado a una reducción marginal del riesgo de mortalidad. 

Existen varias vías para plantear el cálculo del VVE, u obtener los datos requeridos para ello. En primer lugar, podemos basarnos en las preferencias reveladas, es decir, analizar la valoración monetaria del riesgo asociado a diversas situaciones a través de los diferentes comportamientos y/o actitudes individuales. En segundo, cabría conseguir los datos por medio de encuestas realizadas a muestras de población estadísticamente significativas. En cualquier caso, lo más importante es que tengamos la capacidad de evaluar la inversión monetaria relativa (presente o diferida) que los ciudadanos están dispuestos a efectuar en pro de una reducción marginal del riesgo de mortalidad. En cualquier cálculo al respecto, han de considerarse varios matices de gran relevancia. El primero, establecer una correcta relación entre los efectos de la crisis económica y la mortalidad, ya que la correspondencia entre ambas variará según la duración del confinamiento y el proceso de desescalada. Por tanto, los modelos para estimar el VVE deben incorporar un marcado eje temporal. El segundo, hay que tomar conciencia de que son totalmente distintos el perfil de edad de quien presenta una mayor tasa de mortalidad a raíz de la Covid-19, y el de las personas que sufrirán muertes asociadas (por ejemplo, por depresión) o gravísimas consecuencias económicas tras la crisis sanitaria. 

Otros factores que habría que calibrar son la tasa de inflación y la variación de la renta real a lo largo del eje temporal definido con carácter previo al estudio.

La fórmula de ajuste del VVE a todos los elementos mencionados sería la siguiente:

¿Qué resultados obtenemos para el VVE?

Resulta muy complicado obtener un valor exacto para el VVE ajustado a la inflación, renta y elasticidad de ingresos en un espacio de tiempo tan corto como un mes y, además, los estudios disponibles hasta el momento aún no abarcan todo el periodo que nos interesaría para analizar cómo ha ido cambiando durante el confinamiento. Ello se debe a que, para poder calcular el VVE, primero hay que saber cuántas vidas habrá salvado de manera directa en España el haberse recluido, un estudio que corresponde a los epidemiólogos. Por lo tanto, emplearemos como punto de partida el conocido paper de Imperial College Estimating the number of infections and the impact of non-pharmaceutical interventions on COVID-19 in 11 European countries [5], que estima que el confinamiento (pese a generar tendencias estadísticas a partir únicamente de los datos de marzo) habría evitado cerca de 16.000 muertes hasta el día 31 de ese mes, lo que, según Miguel Almunia [6], quien cita a su vez el modelo de Miguel Casares, habría supuesto salvar entre 265.000 y 359.000 vidas durante todo el periodo.

La OCDE cifra el VVE en 2,77 millones de euros [7], lo que, multiplicado por el número total de muertes evitadas gracias al confinamiento, de acuerdo a los datos y tendencias ofrecidos, daría un valor total de entre 736.700 y 998.000 millones de euros agregados que se habrían salvado en ese periodo, según el ya citado modelo de Casares.

No obstante, si empleamos el VVE como indicador válido para marcar el rumbo y el ritmo de ciertas políticas y decisiones públicas, caso del confinamiento y la desescalada, hay que tener en mente asimismo que habrá un punto de inflexión a partir del cual prolongar la reclusión implicará un mayor coste en vidas presentes y futuras de las que realmente se podrían salvar a partir de dicho momento.

La factura total del confinamiento para España

Con base en la metodología desarrollada, y una vez establecido que el VVE para los países de la OCDE (entre los que se incluye España) asciende a 2,77 millones de euros por persona, se puede proceder a calcular la factura total del confinamiento, en términos, no únicamente de descenso del PIB y aumento de la deuda pública, sino del beneficio monetario obtenido por todas aquellas muertes que esta medida ha evitado hasta la fecha.

Los datos para determinar la caída del PIB per cápita en el periodo que media entre el inicio del confinamiento y el mes de junio aún no han sido publicados por organismos oficiales, por lo que nos basaremos en un consenso de estimaciones de Fedea, BBVA Research y la Fundación Rafael del Pino [8]. Según estas tres entidades, el descenso del PIB en el primer trimestre del año se habría cerrado en un 4,7%, caída que se reforzaría a la baja con una contracción adicional sobre la nueva base del 13,5% entre abril y junio, lo que consumaría una bajada agregada de enero a junio del 17,57% sobre el PIB inicial.

A esto hay que añadirle el aumento de la deuda pública que sufrirá la economía española. Aun tratándose de un coste en diferido, que probablemente hayan de pagar las generaciones futuras, será una carga más para las cuentas públicas que los ciudadanos deberán afrontar.

En uno de los informes citados, concretamente el de BBVA Research, se estima que el nivel de deuda pública española se situará alrededor del 120% del PIB, partiendo de un 95,5% al cierre del cuarto trimestre de 2019. Esto supondría un aumento del 24,5%.

Por tanto, los daños a la economía de nuestro país a causa del confinamiento serían notables, por lo menos con las estimaciones a corto plazo que tenemos. Sumando la caída del PIB de un 17,5% entre enero y junio, y el aumento de la deuda pública en 24,5 puntos, obtendríamos un coste total directo sobre los ciudadanos del 42% del PIB, sin contar con el más que probable incremento de este en el segundo trimestre del año, lo cual rebajaría notablemente los costes. Aun así, las estimaciones sobre esto todavía son muy imprecisas y variables. 

Asumiendo todo ello, en términos nominales, la factura a corto plazo del confinamiento rondaría los 522.797 millones de euros, si tomamos como PIB base para los cálculos la cifra oficial a cierre del cuarto trimestre de 2019, es decir, 1.244.757 millones de euros. 

 A continuación, cuantificamos el beneficio total, en términos monetarios, derivado del confinamiento, el cual equivaldría al valor agregado del VVE a raíz del volumen de muertes evitadas gracias al distanciamiento social.

Para realizar dichos cálculos, no existen muchos estudios que computen el número de fallecimientos que no se han producido gracias al confinamiento, ya que el citado paper de Imperial College solo se refería al mes de marzo. Por tanto, nos basaremos en un trabajo de la Universidad de Ciencia Rey Abdullah, de Arabía Saudí, en el que han participado prestigiosos investigadores españoles, como Carlos Duarte [9]. Según los datos que aportan, de media, se habrían salvado 73.000 vidas cada dos meses. Por consiguiente, contando desde la introducción del estado de alarma, el 14 de marzo, hasta la conclusión del eje temporal marcado para este estudio (finales de junio), el confinamiento habría evitado cerca de 255.500 muertes.

A continuación, para obtener el valor monetario agregado del “beneficio” que ha generado el confinamiento, hemos de hallar el producto de los 2,77 millones de euros de VVE a nivel individual y los cerca de 255.500 fallecimientos adicionales a causa de la Covid-19 que se han impedido: ascendería a 707.735 millones de euros.

Por último, para calcular el resultado total del confinamiento, aplicamos la siguiente fórmula:

A través de ella, el beneficio neto en términos de VVE agregado sería de 184.938 millones de euros, aun comportando un coste sobre la ciudadanía de 522.797 millones de euros. O lo que es lo mismo, el confinamiento habrá supuesto un coste (agregando el directo y el diferido) cercano a los 11.140 euros por persona.

Todo ello muestra que esta medida de distanciamiento social puede haber llegado a su punto de inflexión, y que cualquier prolongación más allá del proceso de desescalada, o una paralización mayor de la economía española, arrojaría claros efectos regresivos sobre el conjunto del país. 

Conclusión

Por ello, la solución óptima pasa por que las medidas de confinamiento se vayan relajando progresivamente, de modo que la actividad comercial pueda volver a funcionar con cierta normalidad. Resulta necesario si queremos amortiguar mínimamente la fuerte contracción del PIB en 2020 y, con ello, tratar de salvar el máximo número de empleos posibles, protegiendo así a los más perjudicados económicamente por la crisis de la Covid-19.


[1] Doménech, R; Sicilia, J, (2020)- “Los desafíos de la economía española para superar el Covid-19”. Expansión, 24 de abril. Ver aquí: https://www.expansion.com/opinion/2020/04/24/5ea1d899468aebd6348b459e.html

[2] Diego Bodas et al. (2020), “Medición del comercio minorista con datos con operaciones con tarjeta”. BBVA Research.

[3] FMI (2020), “Perspectivas de la Economía Mundial, abril de 2020”. Ver aquí: https://www.imf.org/es/Publications/WEO/Issues/2020/04/14/weo-april-2020

[4] BdE (2020), “Escenarios macroeconómicos de referencia para la economía española tras el Covid-19”.

[5] Imperial College Covid-19 Response Team (2020), “Estimating the number of infections and the impact of non-pharmaceutical interventions on COVID-19 in 11 European countries”.

[6] Almunia, M. (2020), “¿Proteger la salud o la economía? Una terrible disyuntiva.- Nada Es Gratis. Ver aquí: https://nadaesgratis.es/admin/proteger-la-salud-o-la-economia-una-terrible-disyuntiva

[7] OECD (2019), Valuing mortality impacts. Ver aquí: https://www.oecd.org/environment/tools-evaluation/valuingmortalityimpacts.htm

[8] https://www.abc.es/economia/abci-espana-encara-mayor-caida-desde-posguerra-202004040123_noticia.html

[9] https://cadenaser.com/ser/2020/04/19/ciencia/1587325336_889957.html


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