01
abr
El Mundo

Ahora que existe una carrera por fichar economistas de prestigio para las candidaturas políticas, recomiendo leer el librito Economía y pseudociencia (Díaz & Pons Editores) del profesor José Luis Ferrrira. Se trata de un volumen de pequeño tamaño pero de enorme enjundia que deja por los suelos los egos de muchos de los que investigan, saben o escriben de Economía (el cuerpo de conocimiento) o de economía (el sistema económico real de una sociedad).

Ferreira desnuda en su texto los sesgos, errores y mitos de quienes hablamos a diario de Economía o de economía. Errores matemáticos, lógicos, sesgos ideológicos e incluso astrológicos. Y hasta les pone nombre: “el error Martínez Noval”, “el error Viçenc Navarro”, “el error Rodríguez Braun”… Vamos, el autor no se corta un pelo.

Se ceba especialmente con los economistas de izquierda y con los austriacos -los que más se exponen a la discusión pública-, pero también con los del llamado mainstream (consenso). En definitiva, escrito con espíritu deportivo, el libro es un alegato en favor de una comprensión racional (y por lo tanto limitada) de la Economía y no de su inclusión entre los tótems o fetiches de la tribu capaces de explicar lo inexplicable.

Estaba enfrascado en la lectura, cuando una noticia me sobresaltó. Esperanza Aguirre anunciaba en twitter que el más famoso de los gestores españoles en Londres, Daniel Lacalle, colaboraría con su candidatura al Ayuntamiento de Madrid. Se supone que hoy debería celebrarse en Madrid un desayuno con los analistas de Pimco, la gestora de la que Lacalle es su senior vicepresident. Cuando leí el tuit pensé que lo del desayuno, al final, podía ser una broma: miércoles 1 de abril, April fool’s day, el día de los inocentes en Anglosajonia.

Siempre hay una agencia de noticias o un tabloide del Reino Unido o de EEUU dispuesto a jugártela en una fecha como hoy. Una vez un diario madrileño tituló a toda página con la noticia de que “el 70% de los médicos siente dependencia física de su estetoscopio favorito”. La fuente era un inexistente British Stethoscope Institute. La mayoría de los médicos que conozco se lo creyó, porque se sentían muy unidos a su estetoscopio. Pero, no, aquello era una broma de inocentes en abril.

Seguro que Daniel Lacalle, cuyo liberalismo ha quedado suficientemente acreditado en sus tres bestseller, no tiene problema en echar una mano o aconsejar a Esperanza, que también se declara liberal. Pero no lo veo dispuesto a abandonar la City y uno de los fondos más poderosos del mundo para venirse de concejal de Hacienda a la villa y corte. Quizá la enorme presión que el fichaje de Luis Garicano por Ciudadanos ha impuesto en el PP tenga algo que ver con este anuncio que ha resonado más de lo que es en las redes sociales.

Lo curioso es que, como recuerda Ferreira en sus páginas, pese a lo denostados que han sido los economistas por no haber sabido vaticinar esta crisis tan larga y tan profunda, ahora todos los partidos quieran tener uno.


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