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Desde 2017, hay dos asambleas en Venezuela, y después de la tarde del 23 de enero, parece que dos presidentes. No se sabe quién tiene el poder ni hasta cuándo resistirá Nicolás Maduro, pero la esperanza del fin de la era chavista está viva en el pueblo.

Los liderazgos del heredero de Chávez y del opositor Juan Guaidó son muy distintos, y el estilo de sus respectivas ceremonias de toma de posesión lo evidencia. El 10 de enero, Maduro juró su cargo ante un par de jueces nerviosos del Tribunal Supremo y una escueta comitiva que contaba con la presencia de tan sólo cuatro presidentes americanos. Fue imposible ignorar la del mandatario nicaragüense Daniel Ortega, quien, actualmente, está en el punto de mira por el saldo de 300 muertes que ha dejado la represión violenta de su Gobierno en las manifestaciones cívicas contra la Administración que dirige con su esposa. El ambiente ha sido últimamente tan convulso en Venezuela y el continente, que parece que a Maduro se le olvidó su deber hacia el pueblo en la ceremonia, y se limitó a jurar su mandato por figuras de antaño, como el cacique Guaicaipuro, Negro Primero y Hugo Chávez. La cabeza del único aparato del Estado controlado por la oposición, Juan Guaidó, se autoproclamó el 23 de enero, rodeado por miles de venezolanos que participaban de una marcha por la libertad del país. Guaidó no juró solo. Tras unas emotivas palabras, pidió a todos sus compatriotas que levantaran la mano derecha y se comprometieran con él a luchar por el cese de la ocupación y restablecer el orden de la Constitución. Las felicitaciones y muestras de apoyo de presidentes de todo el mundo no se hicieron esperar.

Maduro parece acorralado, pero ésta no es la primera vez que unas manifestaciones hacen tambalear su Gobierno. No en vano, sigue en el poder pese a unas protestas en las que han muerto más de 150 personas, a sanciones económicas y políticas de varios países, y a derrotas electorales aplastantes, como la que sufrió el régimen con la victoria de la oposición en 2015, en las elecciones de la Asamblea Nacional.

¿Hay algo que haga distinto este momento?, ¿algo que pueda evitar que Maduro se saque otro as bajo la manga, como la Asamblea Constituyente que creó para neutralizar a la oposición? Sí: la acusación de ilegitimidad hacia su presidencia, con base en la Constitución venezolana, que se produjo tras los comicios de mayo de 2018. Tanto los venezolanos como la comunidad internacional han cuestionado irregularidades, como el hecho de que Maduro convocara las elecciones con tan sólo un mes y medio de antelación, cuando, por ley, debe hacerlo con un mínimo de medio año. Esta jugada motivó que la representación de la oposición fuera escasa y que la abstención llegara a su nivel más alto en la historia: 54%.

Sin embargo, aunque gran parte del pueblo venezolano, la misma Constitución, y la comunidad internacional dan la razón a Guaidó, Maduro no está solo. Al parecer, sospechaba que la oposición tramaba algún movimiento desde hace un tiempo, ya que su agenda ha estado bastante comprometida en los últimos meses. Sólo en la primera quincena de diciembre, se reunió con tres jefes de Estado: el presidente mexicano, Manuel López Obrador; el líder de Turquía, Recep Tayyip Erdogan; y su homólogo ruso, Vladímir Putin, a fin de fortalecer sus alianzas e intentar respirar frente a las medidas implantadas por gobiernos como el de Estados Unidos para asfixiarlo.

El respaldo de este último país a la oposición resulta clave, ya que se trata del principal comprador de petróleo venezolano, sosteniendo así, paradójicamente, gran parte de su economía. Cortar los fondos de las autoridades chavistas sería una buena manera de presionarlos, y probaría que el espaldarazo estadounidense no se debe sólo a una estrategia política para mostrar músculo en un momento en que su estabilidad doméstica peligra por el cierre parcial del Gobierno. Los países del Grupo Lima, la ONU y la Unión Europea también han mostrado su apoyo a la petición del pueblo, aunque los dos últimos no reconocieron la figura de Guaidó explícitamente, y pidieron a las autoridades de ambos bandos que trabajen por celebrar elecciones libres. Como se ve, un grupo de países está presionando y debilitando a Maduro, y otro, buscando el camino a la negociación, a fin de que la salida de éste sea pacífica y se evite aumentar la cifra de muertos —van 16 en tres días.


El respaldo de EE.UU. a la oposición venezolana es clave, ya que se trata del principal comprador de petróleo de este país, y sostiene así su economía.


Por su parte, países como China, Rusia, Turquía y Cuba le han expresado su lealtad a Maduro en las últimas horas. Autoridades rusas han calificado como “métodos ilegales” los pronunciamientos y ayudas a favor de la oposición. Esta fisura expone la falta de cohesión de la comunidad internacional y hace difícil prever un momento exacto para la salida del hasta ahora presidente. Además, recabar respaldo internacional no constituye el mayor obstáculo que enfrenta la oposición. Para fortalecerse, los adversarios del chavismo deben superar dos desafíos internos: unificar su bloque político y provocar un cambio de bando en las fuerzas armadas. A pesar de que el 80% de los venezolanos rechaza a Maduro según las encuestas, sólo el 25% confía en el desempeño de la oposición. Las pugnas intestinas entre los partidos que gobiernan la Asamblea Nacional no han permitido canalizar de forma unitaria el movimiento contra Maduro; los rifirrafes dejaban mucho que decir; y los fracasos de arrebatarle el poder desencantaron a la población.

En cuanto al Ejército, si éste no baja las armas, resulta muy difícil que cualquier movimiento civil prospere. Por más que Guaidó ya ofreció amnistía a los soldados que apoyen al pueblo, este jueves, los ocho generales de mayor rango ratificaron su fidelidad absoluta a Maduro en mensajes difundidos a través de canales de televisión estatales. Como gozan de un alto grado de inmunidad gracias al líder chavista, y últimamente han sido señalados por la justicia internacional como gestores de varias redes de contrabando y narcotráfico, resultará complicado convencerlos.

Por esto, un escenario posible consiste en que Maduro permanezca en el poder por mucho más tiempo. No sería muy recomendable por la crisis económica, humanitaria, y el probable aumento de la violencia para contener a los manifestantes. Otro panorama plausible pasa por que la presión internacional ayude a Venezuela a negociar una salida con el Gobierno, pero las heridas de la ciudadanía pueden dificultar que se hagan concesiones a Maduro y su círculo cero. Una tercera salida, más improbable, es que las fuerzas armadas cambien de bando y acompañen a Juan Guaidó hasta la presidencia. Por ahora, se desconoce el paradero del líder opositor, y Venezuela se halla sumida en la incertidumbre. Lo único seguro es que los ciudadanos seguirán luchando. La próxima marcha multitudinaria está convocada para finales de febrero, pero nadie sabe qué pasará.


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