25
mar
Periodicos del Grupo Vocento

Las consecuencias económicas del desafío separatista catalán ya se están notando, especialmente en una variable: la confianza de los depositantes. La incertidumbre sobre la seguridad jurídica y financiera en esta comunidad autónoma ha convertido a diversas regiones españolas en receptoras netas de depósitos, tanto de particulares como de empresas. A pesar de mecanismos como el Fondo de Garantía de Depósitos de Entidades de Crédito y la dimensión europea de los bancos, ha cundido el miedo a perder los ahorros si éstos se quedan sin la protección del Banco Central Europeo (BCE). Más aún cuando Cataluña sufre uno de los mayores desequilibrios entre créditos y depósitos. Esta ratio, que mide el grado de liquidez de un balance bancario y, por tanto, su salud a corto plazo, es en esta región una de las más elevadas de España (1,29 créditos concedidos por cada depósito, frente a 1,09 de media nacional).

Por ello, ha adquirido una enorme importancia el mecanismo de la ‘cuenta espejo’: abrir una cuenta corriente en una sucursal distinta a la de origen, en otra provincia. No se recuerda en España un movimiento de estas características desde la entrada en la Unión Monetaria Europea, ni entre comunidades ni tampoco más allá de nuestras fronteras. Sí ha sucedido en Grecia, Irlanda o Chipre, a raíz de sus crisis políticas y bancarias. La mera comparación con estos países rescatados sirve para dar una idea de la envergadura del problema catalán.

Desconfianza: depósitos en fuga
Vocento

Desde el 1-O, la fuga de depósitos ha sido un goteo constante. Aunque desde noviembre las propias entidades financieras han suministrado datos, esta semana el Banco de España ha publicado la estadística oficial de créditos y depósitos por regiones a cierre de 2017. Según ésta, la Comunidad Valenciana, Andalucía y Aragón han sido las que mayor volumen de depósitos han recibido en cifras absolutas. Concretamente, entre septiembre y diciembre, en la primera aumentaron en 7.217 millones de euros; en Andalucía, 3.527; y en Aragón, 2.546.

En tasa de variación interanual, esta última experimentó el mayor crecimiento de depósitos, con un 7,52%, hasta situarse en 36.409 millones, lo cual supone alcanzar un 3,01% de peso sobre el total nacional. Tras Aragón, se encuentra otra región limítrofe con Cataluña, Comunidad Valenciana, con un incremento del 7,26%, hasta los 106.602 millones, y un peso sobre el conjunto de España del 8,83%. Estos ‘flujos de entrada’ provienen de una pérdida del 17% en los depósitos gestionados por las entidades catalanas, y de 2,36 puntos porcentuales menos de peso sobre el total nacional. Así, en este corto intervalo, de Cataluña han salido 31.400 millones.

Pero no sólo estas regiones, beneficiadas por la proximidad, están atrayendo depósitos. También los reciben Castilla y León, con 999 millones más; Extremadura (526), La Rioja (100) y Asturias (71). Esta fuga es una más de las consecuencias negativas del ‘procés’, el cual, sólo en 2017, acumula un coste económico de 827,9 millones (y de 18.535 si nos remontamos al inicio del desafío soberanista), y una pérdida de 1,73 puntos porcentuales de contribución de la economía catalana al crecimiento del PIB. 


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