Del optimismo económico y la entrada en Europa a la atonía y el invierno demográfico
13 de junio de 2022
Por Fundación Civismo

La publicación del primer número de ACTUALIDAD ECONÓMICA en 1958 se produjo en un momento clave para la historia económica de España: en plena elaboración del Plan de Estabilización que se publicó un año después, que puso fin a la autarquía que impuso la dictadura de Francisco Franco y que supuso fue el primer paso para el fuerte crecimiento de los años 60. “Es el inicio de la apertura de la economía, con los tecnócratas, los Lópeses, y que curiosamente coincide con el nacimiento del IESE”, rememora José Ramón Pin Arboledas, profesor emérito de la mencionada escuela de negocios además de licenciado en Economía, doctor en Sociología y Ciencias Políticas y diputado por UCDE entre 1977 y 1982, entre otras muchas cosas. “Y después llegó la apertura en los años 70 y 80, y especialmente importante fue el ingreso en la Comunidad Económica Europea, en la UE y la integración de la economía española en la economía europea. África dejó de empezar en los Pirineos”, añade. Pin Arboledas subraya así el mayor hito de España en este extenso periodo de vida de ACTUALIDAD ECONÓMICA: la entrada de España en Europa. “Y no sólo entrar, sino ser europeos, ser parte de la solución”, incide Carmen Herrero, catedrática emérita de Fundamentos del Análisis Económico en la Universidad de Alicante e integrante del Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE). “Salíamos de una situación malísima, de aislamiento. No teníamos Democracia y había tanto por recorrer, tanta expectativa, que se preveía que todo lo que podía venir era bueno. Cambiamos el sistema político, económico y el país entero”, añade. Y eso permitió que la clase media española creciese, que la sociedad evolucionase y que España se convirtiese en un país y en una economía moderna. Con grandes avances, también con periodos de crisis que comparativamente parecen casi menores ahora, y sobre todo con una esperanza de progreso evidente y cierto entre la población. Hasta la Gran Recesión. “España llegó a superar el 100% de del PIB per cápita de Europa. Pero desde la crisis de 2008 hemos ido perdiendo posiciones progresivamente, y países que hace años era mucho más pobres lo están haciendo mejor: República Checa o Lituania, por ejemplo”, explica Francisco Cabrillo, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad Complutense de Madrid. “Si uno analiza la actitud de los trabajadores durante los años 60, 70, 80 e incluso 90, se aprecia una actitud de optimismo, de deseo de hacer cosa. Entre los trabajadores y entre los empresarios. Y unas Administraciones Públicas modestas y poco caras. Lo que está pasando ahora es una atonía de la población, entre otras cosas por el invierno demográfico, y un crecimiento acelerado y probablemente contraproducente de las Administraciones Públicas. Todo esto hace que el sector privado tenga que soportar un peso excesivo”, retoma Pin Arboledas. A ello se suma, en su opinión y también en la de Cabrillo, la “asfixia” a la que somete la economía española a quien quiere emprender, generar riqueza. La excesiva regulación y los elevados impuestos, insisten, a los que deben hacer frente los emprendedores. “Si miras los índices internacionales como Doing Business o de libertad económica, existe un punto en el que coinciden casi todos: España obtiene muy malas puntuaciones en regulación de la empresa. s un país muy complicado para hacer una empresa”, expone Cabrillo. “Y el deterioro de la Administración Pública desde la pandemia ha sido espectacular. No sé si te habrás pensado casar, pero si lo has hecho tómatelo con mucha calma”, añade irónicamente. Más optimistas, o al menos no tan negativos, se muestran Herrero y Emilio Ontiveros, presidente de AFI, catedrático emérito de la Universidad Autónoma de Madrid y otro gran conocedor de la economía española. “La economía española va a tener un potencial de crecimiento aceptable. Es uno de los principales beneficiados de los fondos europeos y gracias a ese incentivo tenemos una base de crecimiento potencial aceptable. Además, a diferencia de otras economías claves de la Eurozona, todavía no encontramos fuerzas políticas que cuestiones la irreversibilidad”, explica Ontiveros. Y ambos, Herrero y Ontiveros, coinciden también en señalar que, aunque “no está del todo justificado”, es indudable que hay un “pesimismo” instalado entre la población. “Estamos en una situación de que no estamos solos. Lo que nos pase, será lo que le pase a Europa. Estamos en un club en el que las cosas no pueden ir demasiado mal. Yo no creo que los jóvenes vayan a vivir peor que sus padres, aunque sí es cierto que es posible que no progresen tanto”, apunta la primera. “Es algo global. En Estados Unidos existe la sensación de que las nuevas generaciones viven peor es bastante común. Ha desaparecido el sueño americano. Tiene que ver con la demografía, con el estancamiento de la productividad, con la sensación de que el progreso tecnológico no se distribuye bien, con la mayor desigualdad que se ha producido en los últimos 30 años. El sistema económico no acaba de encontrar la vía para ese aumento de las oportunidades, de mejora generacional”, añade el segundo. Esto, prosigue Ontiveros, coincide con datos positivos para la economía española. Por ejemplo: la mayor inversión extranjera, que las exportaciones suponen el 34% del Producto Interior Bruto (PIB) o que el empleo ha superado ya los niveles previos a la pandemia. “La revolución digital y la robótica se va a parecer a la revolución industrial. Precisa mente la conferencia con Pissarides [en referencia a Cristóbal Pissarides, premio Nobel de Economía que esta semana estuvo en Alicante] iba en esa dirección: que la robótica va a destruir muchos empleos y que puede que haya más paro pero también habrá más ocio. Y eso serán oportunidades para nosotros si avanzamos en la reconversión del turismo hacia uno de mayor calidad. Podemos ser la Florida de Europa”, apunta Herrero. Aunque eso, insiste, “dependerá de nosotros”. “En esos años de crecimiento económico y despertar del país la población sabía que si no se hacía nada, no se saldría de la situación en la que se estaba. Eran más conscientes de las responsabilidades ciudadanas. Y hace falta mucho más de eso ahora”, expone. “El pueblo español es capaz de levantarse incluso a pesar de sus Gobiernos”, desarrolla Pin Arboledas para cerrar. Y recuerda la siguiente reflexión del canciller Otto Von Bismarck. “A Von Bismarck le preguntaron en una ocasión cuál era la nación más fuerte del mundo. ‘España’, respondió antes la sorpresa de los asistentes. ‘Porque los españoles llevan dos siglos intentando destruirla, y no lo consiguen’”.

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