25
mar
Actualidad Económica

El sector público español debe ya a sus acreedores la respetable cantidad de 1,176 billones de euros (30.000 millones más que en enero de 2018). Como nuestro PIB superó ligeramente la cifra de 1,2 billones en 2018, el cociente de dividir la cuantía de la deuda por el PIB (la ratio más utilizada para medir el peso de la deuda en la economía nacional) se situó ligeramente por encima de 0,97. Y tan preocupante como lo elevado de la cifra absoluta es la gran resistencia a la baja que muestra esta ratio (hace 12 meses era 0,98). ¿Por qué aumenta la deuda, a pesar de que la economía está creciendo a buen ritmo y la recaudación fiscal crece también? La respuesta es fácil: porque seguimos teniendo déficit público, es decir, porque el sector público, año tras año, gasta más de lo que ingresa.

Los datos presentados la semana pasada permiten realizar un análisis desagregado de la evolución de la deuda pública española según las entidades que la han emitido: Administración central, otros organismos del Estado, comunidades autónomas, corporaciones locales y Seguridad Social. La evolución de cada una de las cifras presenta diferencias significativas, con mejores datos para las corporaciones locales y resultados especialmente malos para la Seguridad Social, algo, por cierto, que a nadie puede sorprender. Pero creo que, en un país como España, en el que existe una clara interconexión entre las cuentas de las diferentes entidades que componen el sector público, lo realmente importante son las cifras agregadas.

Un acuerdo sobre financiación autonómica o una transferencia de fondos a la Seguridad Social pueden modificar la composición de la deuda, pero no la cifra global, que refleja lo que, de una u otra forma, debemos todos los españoles a los acreedores de nuestro sector público. Y lo cierto es que debemos mucho, mucho dinero. Y en una economía en la que, afortunadamente, hemos dejado atrás las tasas elevadas de inflación a las que estuvimos acostumbrados en el pasado, el Estado no puede reducir de forma significativa el valor real de la deuda con la subida del nivel de precios.

En otras palabras, con estabilidad monetaria, la deuda tendremos que pagarla de verdad. Nosotros o nuestros hijos.


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