16
feb
Diario de Navarra

¡No ganamos para sustos! Sánchez, una vez más, ha improvisado movido por sus intereses personales. El apresurado cambio de calendario, con Semana Santa política incluida, va a obligar a cambiar las estrategias que tenían los partidos navarros. Las elecciones generales, al ser cuatro semanas antes de las regionales, van a afectar a los escaños que cada partido obtenga en el Parlamento foral. Los partidos que obtengan mejores resultados en el Congreso y Senado se presentarán a las elecciones autonómicas con avales de éxito y mejorarán sus posiciones.

El desplazamiento del voto autonómico desde los partidos perdedores en las generales a los ganadores, a la par que fideliza a los votantes que acertaron también aumentaría la abstención de los desilusionados. ¿En qué me baso? En que la proximidad de las dos llamadas a las urnas convierte a la convocatoria del 26 de mayo en una segunda vuelta de la del 28 de abril, lo que modifica la estrategia electoral, tal como ocurre en los comicios a dos vueltas.

Cuando se reparten tan sólo cinco míseros escaños, la Ley d’Hont causa estragos en las regiones donde concurren tantos partidos. Debajo del Gobierno del cuatripartito no hay cuatro partidos, sino diez formaciones: PNV, Zabaltzen e independientes de Geroa Bai, Bildu, Sortu, Eusko Alkartasuna, Izquierda Unida, Batzarre, Podemos y Orain Bai. Sin embargo, a pesar de tanta diversidad política, esas diez agrupaciones prefirieron dejar a un lado lo mucho que les separaba y repartirse el botín que implica instalarse en el Palacio foral. Uxue Barkos se dio prisa ayer en postularse como presidenta al pedir a Geroa Bai, EH Bildu, Podemos e Izquierda-Ezkerra, que son las cuatro fuerzas que le sustentan a su gobierno, la presentación de una candidatura unitaria.

El PSN, que es un partido sucursalista de Ferraz, al que le puede más su seguidismo a Sánchez que el constitucionalismo propio de sus siglas, ha indicado la posibilidad de apoyar a Geroa Bai, pero no a Bildu. No sería sorprendente un arrejuntamiento con los nacionalistas, pues una vicepresidencia del Gobierno de Navarra luce mucho, aunque sea a costa de poner en peligro el futuro de Navarra como Comunidad foral con régimen, autonomía e instituciones propias e integrada en España. ¿Han pensado los socialistas como quedará Navarra tras otra legislatura mandando de facto un/a representante de Bildu?

Por el contrario, de Ciudadanos, UPN y PP se podría afirmar que no hay cuña peor que la de la misma madera. No importa que lo que les une sea inconmensurablemente mayor que lo que les distancia y, además, irrelevante frente a lo que separa entre sí a las agrupaciones que conforman el cuatripartito. ¡Triste que se pisen la manguera ante el incendio para mostrar que son distintos! Si fueran juntas esas tres formaciones quizá sacaran dos o tres diputados, pero concurriendo en candidaturas independientes sacarán solamente uno. Por último, la aparición de Vox en Navarra puede dividir todavía más el centro derecha. La pregunta esencial es muy dura, pero inevitable: Ante la euskadización que sufre el Viejo Reyno, ¿hasta donde les importa más a esos partidos la continuidad de Navarra, que unas insignificantes diferencias, que en realidad esconden la ambicioncilla de ostentar unos puestecillos políticos temporales?

Se equivocarían los partidos que pretendan implementar una estrategia en las elecciones generales y otra distinta en las autonómicas. Hacer cambiar el chip a los electores de que una coalición, que era conveniente hace cuatro semanas, ahora no lo es, confundiría a los votantes. Este desconcierto acabaría en enojo y animaría a abstenerse. La coherencia de las convicciones debe primar ante esas alambicadas elucubraciones que los ciudadanos detestan.


Deja un comentario