05
sep
Diario de Navarra

La presidenta ha quebrantado el espíritu y la letra del Amejoramiento que prometió defender cuando tomó posesión. Mantenerse en el poder no puede ser a costa de una violación flagrante de nuestra Carta Magna. Prometió: “respetar, mantener y mejorar el Régimen Foral de Navarra, acatar la Constitución y las Leyes y cumplir fielmente las obligaciones del cargo de presidenta”. El incumplimiento de los compromisos que se prometen para llegar al poder es un tipo de corrupción peor que la económica, porque quien la comete siempre queda impune. Nuestros fueros se vulneran cuando se pervierte la historia para que Navarra pierda su identidad secular y se antepone la ideología a la economía.

¿Tendrá razón el presidente de UPN cuando afirma que al cuatripartito no le interesa el progreso de Navarra? Sin duda, hacer inviable la economía foral favorecería, el rescate primero, y la integración de nuestra región en el País Vasco después. Supuestamente, se considera a Geroa Bai como la marca navarra del PNV. Sin embargo, esta similitud no existe cuando de economía se trata. Mientras que el PNV se caracteriza por unas políticas económicas eficientes, prácticas que han llevado a que el País Vasco sea una región líder, Geroa Bai procede con decisiones que comprometen la sostenibilidad de Navarra. Aquí priman los radicalismos ideológicos de Bildu y Podemos. Barkos ha hecho unas cesiones a sus socios a las que nunca se habría avenido quien quisiera gobernar para todos y por el bien de común de la región en el largo plazo. La presidenta es la responsable absoluta de las resoluciones del Gobierno, porque está en su mano dimitir o cesar al consejero que se ha equivocado o excedido en sus atribuciones.

No entiendo a Uxue Barkos. ¿Le merece la pena mantenerse en una poltrona sumisa al extremismo de Bildu y Podemos, con el consiguiente descrédito personal y de Geroa Bai? ¿No ha sido suficiente el correctivo que ha supuesto el resultado que su partido ha obtenido en las elecciones del pasado junio? Su caótica y sectaria actuación en los cuatro años de la legislatura puede hundir a Navarra durante mucho tiempo. Recuperar una confianza defraudada es más difícil que generarla desde cero. La inseguridad jurídica provocada por un gobierno impulsivo, que legisla desde un resentimiento visceral, no sale gratis, especialmente cuando se cambia lo que ya funciona por ocurrencias clientelistas. Ningún inversor se instala en un lugar en el que el régimen fiscal se puede modificar drásticamente de un año para otro. Desisto de enumerar los desatinos vistos en este periodo. Tan sólo subrayo que el balance del cuatripartito es desastroso apoyándome en que la evolución de los parámetros macroeconómicos es peor que la de las tres regiones con las que compartíamos el liderazgo.

Quiero advertir de que si la ambición de Adolfo Araiz de entrar en el Gobierno se satisface, Navarra puede sufrir un quiebro trágico en todas sus libertades. Recuerdo que el actual portavoz de Bildu es la persona con más poder fáctico en el Parlamento, y que se negó a condenar el asesinato de 33 ciudadanos a manos de ETA. Ante todo lo que está pasando hay dos opciones. La primera, seguir formando parte de la inmensa mayoría silenciosa y permitir que los radicalismos destrocen Navarra, y con ella, nuestras vidas. La segunda, ser audaces y contribuir a que la sociedad civil haga frente a la nueva tiranía. Quejarse y no hacer nada resulta estéril. Defender la libertad, respetando el legí- timo pluralismo que encierra nuestra sociedad, es la grandeza que pido a todo aquel que quiera a su tierra. 


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