10
jul
Expansión

¿Cuál es el sujeto de la actividad económica, la persona o la nación? ¿El individuo o el colectivo? Estas preguntas han sido objeto de largas polémicasen la historia del pensamiento económico. La idea del empresario y el consumidor como protagonistas de la economía está claramente expresada en la obra de Adam Smith, quien tomaba como uno de sus puntos de partida las conductas dirigidas a la búsqueda del bienestar y el beneficio individual por parte de personas que tenían una propensión natural al intercambio y al comercio. Pero algunos críticos señalaron pronto que esta visión era errónea y que los estudios de economía deberían situar a la nación en el centro de su análisis. Y argumentaron que los principios del comercio internacional libre no tienen validez general, sino que responden a lugares y momentos históricos concretos. Y que la teoría económica adecuada para una nación industrializada no tendría por qué coincidir con la que convendría aplicar a países en estadios más atrasados de su proceso de desarrollo.

Una figura clave en esta visión alternativa fue el economista alemán Friedrich List. Nacido en Heutlingen el año 1789 tuvo una vida extraña y compleja, en la que fue empresario en los sectores de la minería v los ferrocarriles y propagandista convencido de la unificación de Alemania, lo que lo llevó en más de una ocasión ala cárcel val exilio. Acabó suicidándose en 1846. Pocos años antes, en 1841, publicó su obra fundamental, Sistema nacional de economía política, que en su mismo título expresa con claridad los objetivos del autor.

La estructura del libro es curiosa, porque la primera parte se dedica a estudiar la historia económica de Europa dedicando un capítulo a cada una de las naciones occidentales más importantes: Italia, Inglaterra, España, Alemania etc. Y, a continuación, en lo que se denomina La teoría, aborda cuestiones tan poco habituales en los tratados de la disciplina cono distinguir entre la economía privada y la economía nacional, que List consideraba realidades claramente diferenciadas; o marcar las diferencias entre los estudios de “economía política”, centrados en la nación, que eran los que a él le interesaban y los estudios de “economía cosnmopolita”, que era lo que habían hecho, en su opinión, Adam Smith, Sav y los clásicos ingleses.

En aquellos años, los estados alemanes estaban inmersos en un proyecto de gran trascendencia económica y política: la creación de una unión aduanera alemana (Zollverein), cuyos principios empezaron a discutirse tras las guerras napoleónicas y que se completó el año 1834, aunque no todos los estados alemanes se adhirieron al acuerdo. Defensor convencido del Zollverein, pensaba List que su objetivo debería ser el comercio libre entre los estados alemanes; pero que las fronteras del área aduanera deberían ser defendidas de la competencia exterior por unos aranceles, no excesivamente altos, pero sí suficientes como para permitir el desarrollo en Alemania de una economía potente. En uno de sus viajes, en 1825, estuvo en EEUU y parece que allí conoció la obra de Hamilton y se interesó, desde luego, por la política proteccionista del nuevo país, de la que se mostró claro partidario, planteándose trasplantarla a su propio país.

Elaboró List una teoría del desarrollo económico, de acuerdo con la cual los países iban recorriendo diversas etapas, desde la economía de caza y pastoreo hasta llegar a la más avanzada, que denominaba agrícolamanufacturera-comercial. Y mantuvo la tesis de que la política de comercio exterior debería ser diferente en cada una de estas etapas, considerando el proteccionismo necesario para conseguir la industrialización.

Medio siglo más tarde, Sclunoller, un economista alemán poco proclive a veleidades liberales, señalaba que era “totalmente natural” -son sus palabras- que unos años después de Adam Smith surgiera una nueva teoría del comercio internacional que ofreciera una justificación a los aranceles de aduanas. List era, sin duda, uno de los nombres que Schmoller tenía en mente. Cuestión distinta es que el abandono de los principios del librecambio pueda ser considerado como algo natural. No lo era entonces y me temo que tampoco lo es ahora, aunque estemos viendo en nuestros días el regreso a ideas que parecían ya olvidadas. 


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